El Guerrero de los Ojos de Fuego

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Publicado el Domingo, 16 Noviembre 2008 Escrito por Oigresito

El Guerrero de los Ojos de Fuego

Autor: Oigresito

ADVERTENCIA: Si sos una persona sensible (vease: no te gusta la sangre, la violencia, la muerte, la violencia, la violencia, etc) es mejor que no leas esta historia.
Todos los demas estan invitados a leerla y dejar sus criticas, comentarios, sugerencias, dudas, preguntas o cualquier otra cosa relativa a esta historia

(Pero antes, una pequeña introduccion en verso)

Si lo que buscas, lector,
es una historia
de gloria y honor,
de batallas y hechos valerosos,
de heroes, dragones y demonios,
entonces, lector,
esta no es tu historia.

Pero si lo que buscas
es una historia
de muerte y de sangre,
de tortura y lucha contra el poder,
de batallas imposibles de ganar,
de un mal todopoderoso
y de un heroe
que lleva el odio en los ojos
y la muerte en sus manos,
entonces, lector,
esta es tu historia.....

 

Capítulo I

a.

Su mano aferro con tanta fuerza la empuñadura de su mágica espada que los nudillos se le pusieron blancos. Los dientes le dolían de tanta rabia. Sus músculos estaban tensados al límite, podía sentir como la sangre le corría como un río tempestuoso por las venas. Su rostro parecía de piedra, tan duras y frías eran sus facciones. Excepto sus ojos. Un fuego infernal parecía iluminarlos, reflejando el odio y la sed de sangre que habitaban en su corazón.
Una corriente de aire frío lo devolvió a la vida, liberándolo de los recuerdos de un pasado que no podía olvidar.
La salida debe estar cerca - pensó. Muchos días llevaba vagando por corredores sin fin, cada vez más oscuros y opresivos, iluminados únicamente por la pálida luz de su espada. Sus pisadas retumbaban en un silencio sepulcral. Tan solo deseaba salir para volver a ver la luz del día y matar al infeliz campesino que le había dicho que la manera más rápida de cruzar la montaña era a través de un paso subterráneo.
Juro que voy a matar a ese campesino y a toda su familia, y a bañarme en su sangre y a devorar sus corazones - pensó.
Había sido un idiota al confiar en la gente. Adentrarse en esos túneles sin comida ni agua, llevando tan solo una fina capa para protegerse de un frío que le congelaba los huesos no había sido una decisión muy inteligente, como bien pudo adivinar.
Se había visto obligado a devorar la carne y a beber la sangre de las infectas criaturas que habitaban en la negrura de esos abismales pasadizos. Era asqueroso, incluso para el, tan acostumbrado a la muerte y a la sangre, que tantas veces lo habían golpeado su triste pasado, tener que subsistir así.
Su mente volvió a evocar el rostro de su enamorada, arrasado por lágrimas y sangre, azotado por el dolor, volvió a recordar su impotencia, su frustración al no poder salvar a su amada….
Entre sangre y lagrimas había jurado vengarse, pero….
¿Acaso le serviría de algo?
¿Acaso la venganza le devolvería a su esposa?
Conocía perfectamente la respuesta a esas preguntas que tantas veces se había formulado antes.
No.
Era obvio que lo que estaba haciendo no lo ayudaba a olvidar el pasado, por el contrario, solo conseguía aferrarse aun mas a sus recuerdos. Y así, nunca conseguiría olvidar su triste pasado….
Entonces, llego a su mente una nueva pregunta:
¿Algún día volveré a amar a alguien?
Quedo desconcertado. Se sintió desnudo y vacío. La pregunta lo había tomado por sorpresa. Aun no estaba preparado y por eso, quebrando el silencio, dijo:
- No lo sé.
Una lagrima de dolor cayo de sus ojos de fuego, y al morir en sus labios le supo a amargura.
¡Basta ya! - gritó, y el eco se perdió en la laberíntica inmensidad de esos oscuros y terribles corredores.
Ya no lo soportaba mas, se sentía débil y cansado, ya no recordaba cuanto tiempo llevaba encerrado. Se acaricio una mejilla y sintió una barba desprolija. Demasiados días - dijo para sus adentros y continuo avanzando. Se detuvo inmediatamente. Había escuchado pasos, y cada vez se oían mas cerca.

 

b.

¡Venid y probad mi acero! - gritó y se lanzo de cabeza contra sus enemigos, que acababan de doblar una esquina. El que iba al frente termino sin cabeza, como un relámpago la espada lo decapito. Los que venían detrás se asustaron, y al ver la muerte reflejada en los ojos de fuego del guerrero, huyeron. O por lo menos lo intentaron, puesto que con el fin de hacer realidad lo que vieron en esos ojos de fuego, el guerrero les dio caza, uno por uno, saboreando lentamente sus muertes, disfrutando ver como caían ante el mágico acero, regocijándose en su agonía y devorando sus cadáveres para mantenerse vivo. Tras la cacería, pudo dormir unas cuantas horas, interrumpido por terribles pesadillas.
El pasado seguía vivo en su interior.
Al despertar, se sintió extrañamente en paz, a pesar de las pesadillas, a las que se había acostumbrado. Le dolía todo el cuerpo.
Necesito una cama de verdad, y pronto - pensó.
Esforzándose, se levanto y tomo su espada, que con su tenue luz hacia de antorcha y con su filo de arma. Mucho rato estuvo vagando sin rumbo, hasta que, gracias al azar o a la benevolencia de alguno de los mil dioses, sus ojos vislumbraron la salida. La santa luz del Árbol brillaba con fuerza en el exterior. Se alegro, aunque poco duró esa alegría, ya que aun estaba lejos y había muchos enemigos entre la luz y el.
Podía ver sus rostros largos y delgados, sus expresiones de absoluta malicia, todo iluminado por fuegos azules que les daban un aspecto irreal y mágico a esas inmundas criaturas.
Llegaré a esa luz, así tenga que matarlos a todos - se prometió en voz baja. Una imprecación acompaño a la promesa, y continuó andando, dispuesto a cumplirla. No le importaba el costo de esta.
Pronto el pasillo comenzó a abrirse, y se convirtió en una enorme estancia, iluminada por los múltiples fuegos azules que había visto hace poco. Muchos tesoros y bagajes había desperdigados por el suelo, era obvio que en esa sala vivían los monstruos, y su cercanía con la salida indicaba que les gustaba salir de cacería, y que no les gustaba tener que cargar de aquí para allá con sus tesoros.
Una vez que penetro imprudentemente en la estancia, sus enemigos lo recibieron con una lluvia de flechas y proyectiles mágicos. Aunque su armadura lo protegía bastante de las flechas, tenia que tener cuidado con los proyectiles mágicos.
Una bola de fuego rozó su rostro y chamuscó parte de la larga y descuidada melena.
Mierda, creo que tengo demasiada ventaja - dijo el guerrero, y sonrió. Sus rivales se miraron confundidos, y cuando volvieron a reparar en su oponente, este ya los estaba masacrando.
Le encantaba esa sensación, poder sentir como la sangre le hervía mientras derribaba a sus enemigos para rematarlos clavándoles la espada en el corazón, le fascinaba golpearlos con la parte plana del arma y luego agacharse para abrirles el estomago, estaba encantado con el sonido del entrechocar del acero contra el acero y se había enamorado de los agónicos gritos de dolor de sus rivales cuando les cortaba un brazo o una pierna.
Hasta que lo vio, sentado en un trono de oro y ébano, todo el cuerpo adornado con finas joyas y acariciando un enorme y bello martillo tallado. Tras contemplar como sus subordinados caían uno por uno, desmembrados y decapitados, decorando con su sangre y sus vísceras el piso y las paredes de la estancia, se levantó.

 

c.

Eran los únicos que quedaban; el guerrero de los ojos de fuego y el líder de las criaturas.
Mierda, ahora si que va a ser justo - dijo el guerrero. Arrojo su capa al suelo. Estaba hecha jirones, además, tenia una flecha clavada cruelmente cerca del hombro derecho. La sangre lo cubría de pies a cabeza, tanto suya como enemiga. Se puso en guardia y espero.
Su oponente sonrió. Tenía la majestad de un rey. Empezó a mecer suavemente el martillo y espero.
El tiempo pareció detenerse mientras los contrincantes se miraban….
El guerrero retrocedió ante el fortísimo golpe del martillo, que solo consiguió golpear el aire.
El monstruo era aun más fuerte de lo que parecía. Por lo tanto, el guerrero decidió usar la cabeza, cosa que no hacia hace mucho tiempo, así que espero el momento oportuno.
Se movió ágilmente a un lado y el martillo golpeo la pared rocosa con tanta fuerza que la hizo temblar.
Era su oportunidad. Y la aprovechó, claro.
La espada cayó como un rayo y rebanó limpiamente una mano. El monstruo aulló de dolor y dijo:
- No muy honorable pero si muy efectivo, ¿Recuerdas que es el honor, guerrero?
El guerrero se sorprendió tanto de que su rival supiese hablar, que no contestó. El monstruo repitió la pregunta y el guerrero contesto:
- Me hablas de honor, cuando eres un cobarde, tendrías que haber estado al frente de tus hordas, y no sentado cómodamente en tu trono mientras tus guerreros caían bajo el poder de mi mágico acero.
- Tienes razón guerrero, ninguno de los dos tiene honor, es cierto que soy un cobarde, pero tu estas dominado por el odio
- ¿Cómo lo sabes? Inquirió el guerrero.
- Porque se nota en tus ojos, guerrero…., ahora ¿Seguimos?
- Si, por favor continuemos.
Muy bien, sigamos - respondió el monstruo, acompañando sus palabras con un poderoso golpe del martillo en las costillas del guerrero, que termino a varios metros de distancia, con la armadura y algunas costillas rotas.
Dispuesto a terminar con la batalla y partirle el cráneo al guerrero, el monstruo levantó el martillo por encima de su cabeza.
Grave error. La espada lo atravesó y ya no tuvo fuerzas para bajarlo, desplomándose, muerto, en el suelo.
Se quitó la armadura. Le dolían muchísimo el costado y el brazo. Estaba débil, y sentía que iba a desmayarse en cualquier momento. Se sentó. La cabeza le daba vueltas. Se arrancó la flecha y con un trozo de la camisa se vendo la herida. Vio una estantería y una esperanza. Se levanto a duras penas y camino hacia esta. Comenzó a revisar desesperadamente los frascos hasta que encontró el líquido sanador. Lo bebió. Estaba amargo, como siempre. Se desmayo.
Se despertó, descansado, muchas horas después y se preparo para salir. Vio su armadura, pensó con tristeza por todo lo que habían pasado juntos, y vio su espada rota, se había quebrado bajo el peso de su oponente. Guardó los pedazos en la vaina. Pensaba volver a forjar su mágico acero ni bien pudiese. Estaba muy unido a su arma y a su armadura.
Salió de la cueva. Era de noche. Una noche oscura y cerrada, igual a todas las demás. Vio oscuras siluetas que parecían esperarlo, armados con espadas que centelleaban a la luz de las antorchas que algunos de ellos portaban.
Mierda, justo ahora vengo a quedarme sin una puta espada, dijo el guerrero, y se preparo para la batalla….

 

Capítulo II

a.

Fue brutal. Incluso el se dio cuenta de que había exagerado, había sido demasiado violento. No lo había podido evitar. No había podido contenerse al ver el impío símbolo cosido en las negras túnicas.
¿Qué hacían los asesinos ahí?
¿Acaso lo estaban buscando a el?
¿Por qué?
¿Le tenían miedo?
¿O simplemente tenían tratos con los monstruos?
¿Pero por que?
¿Y si…………?
Demasiadas preguntas, y muy pocas respuestas.....
Una vez más, lo recordó. No quería, pero lo hizo. Recordó aquel día (tan lejano ya) en que los asesinos habían irrumpido en su casa y....
No. Tenia que ser fuerte, tenía que luchar contra sus recuerdos, contra su pasado. Tenía que vengarse.
Venganza....
Era lo que le susurraba su negro corazón, lo único que le importaba,… lo único en lo que se permitía pensar. La venganza se había convertido en su razón de ser,… en su dios. Era lo único que lo mantenía en pie, lo que lo obligaba a dar cada paso y a dejar tras de si un rastro de sangre.
Tomó una antorcha y siguió su camino. Ni siquiera pudo ver la sangre, los miembros y las vísceras de sus enemigos desperdigadas por el suelo y los árboles cercanos. Le daba asco y se odiaba por lo que hacia, pero no veía otra solución al acertijo en que se había convertido su vida.
Cerró fuertemente los ojos y salió del círculo de sangre y muerte que había creado.
El viento le susurraba oscuros secretos a los árboles, que, como fieles soldados, hacían guardia a los lados del blancuzco camino
Un lobo aulló a lo lejos. Se estremeció violentamente. Tenia que tener cuidado, las noches eran muy peligrosas, allí y en cualquier otro lugar, todas oscuras y cerradas, como si invitaran al mal a salir a corromper la poca bondad que quedaba en esos tiempos difíciles.
Siguió durante varias horas el pálido y pedregoso camino. El Árbol estaba ahuyentando a las últimas sombras con su luz, cuando al fin llegó a las tristes y grises murallas de una ciudad.

 

b.

No le importaba el nombre, tan solo quería encontrar una herrería para así volver a forjar su espada y poder seguir buscando a sus crueles enemigos.
Continúo vagando por las laberínticas calles de la ciudad, cubiertas de porquería y mendigos. Muchos ojos se posaron en el, pero no les prestaba atención, estaba observando el contraste entre las mansiones de los poderosos y los edificios populares, las diferencias entre las finas pieles de los ricos y los harapos de los pobres, que nada podían hacer para protegerse del brutal frío que azotaba esas pálidas tierras.
Ahora miraba los rostros de las personas que pasaban a su lado, devolviéndoles las miradas que estos le daban. Eran rostros tristes, cansados y oprimidos, al igual que las personas que los poseían, todos abatidos, cargando un fardo que no les correspondía.
Se preguntó porque no se rebelaban, porque no luchaban contra los regimenes absurdos, malvados y opresivos que eran las magocracias, que, si quisieran, podrían obligarlos a comer basura, y la gente, sumisa y casi esclavizada, lo haría sin dudar. Excepto los ricos, claro, porque tenían dinero, y con este, ciertos “privilegios”.
¿Dónde están los paladines de Vaelor?..... - pensó con nostalgia.
Su mente volvió al pasado, a los felices años de su infancia, a los blancos campos y los verdes valles que la conformaban, a una época de caballeros errantes y orcos feroces.
Los orcos habían perecido, eso lo sabían todos, pero alto había sido el precio:
Los paladines habían muerto o desaparecido,....una sombra de su antigua gloria, el ocaso de los elfos de la luz, la derrota del último bastión del bien....
Volvió al presente. Había encontrado una herrería.
Cuando el Árbol extinguió su luz, y la oscuridad volvió a reinar en el mundo, salio del oscuro rincón en el que había estado oculto durante el día.
Pateó la puerta de madera hasta que la destrozó. Penetró en el negocio y vio como el herrero bajaba las escaleras, espada en mano. Sintió lastima por el y su familia. Descargo su puño contra el rostro del herrero, tomo su espada y lo atravesó. Subió las escaleras y revisó todas las habitaciones, hasta que encontró a la mujer del herrero. Esta llevaba a un niño pequeño entre sus brazos, Estaba aterrada, las lágrimas le caían por el juvenil rostro. Había odio y miedo en su mirada. Pronto estuvo muerta, al igual que su pequeño hijo.
No era necesario matarlos – pensó mientras miraba el cadáver de la mujer.
Pero igual los maté – se contestó a si mismo
¿Por qué?, si no me habían hecho nada, ni siquiera tendría que haber matado a ese hombre, un humilde trabajador – reflexionó. Tenía remordimientos.
A pesar de todo, aun tenía corazón….
Una lágrima resbalo por su rostro duro y curtido, en memoria de los muertos.
Bajó. Fue hacia la forja, tirando en el camino la espada cubierta de sangre inocente. Tomó una cota de escamas, una armadura fuerte pero ligera para reemplazar su armadura anterior, ahora rota y olvidada en una cueva. Volvió a forjar su mágico acero, que resurgió con su luz y su filo, dispuesta a matar.
Tomando algunos alimentos y una gruesa capa contra el frío perpetuo de esas tierras, salió.
Había luz.

 

c.

Mierda – dijo, y echo a correr en dirección contraria a la que había venido, esquivando a la gente que se cruzaba en su camino. Un guardia intentó detenerlo y acabo degollado. La multitud se horrorizo y aparecieron más guardias. Siguió corriendo, con varios guardias detrás. Llegó a las puertas de la ciudad. Estaban cerradas. Torció hacia la derecha y penetro en una torre que se conectaba con las murallas. Mato a los guardias que había en su interior y comenzó a correr por las murallas. Una patrulla venia en sentido contrario a el. No tenía escapatoria….

Saltó. Era la única solución.

Fue un salto perfecto, y al fin estaba fuera de la ciudad de los muros tristes.

Pero los guardias de la ciudad eran tenaces. Abrieron la puerta y salieron.

El guerrero de los ojos de fuego los estaba esperando, sonriendo y mirándolos con sus brillantes ojos.

Más que una batalla, fue una danza de espadas, hachas y mazas, todas cortando el aire y los cuerpos, sin distinguir entre amigos y enemigos.

Le encantaba sentirse así, le recordaba que aun estaba vivo. Una vez terminado el baile, huyó, dejando atrás los restos de quince guardias desperdigados frente a las puertas de la ciudad. Los soldados que hacían guardia en las murallas no daban crédito a sus ojos. Ni siquiera se movieron, mientras la figura del solitario guerrero se hacia cada vez mas pequeña.

Ya estaba oscuro de nuevo. Había caminado muchas horas. Tenía hambre y sueño. Comió algo y durmió bajo un árbol. Se sentía seguro. Horribles pesadillas lo asaltaron, negros eran los sueños en los que se sumergía.

Cuando se despertó, la luz comenzaba a luchar con la oscuridad. Se encamino hacia el este, a tierras mas calidas, a la fortaleza de los asesinos de la orden del cuervo de fuego.

Sabía que le seria imposible llegar hasta allí, pero no le importaba. Siguió andando, con una sonrisa en los labios….

 

Capítulo III

a.

Se despertó. Le dolía terriblemente la cabeza. No entendía que hacia atrapado en ese calabozo cubierto de humedad, polvo, huesos y sangre. El frío era insoportable.
Tan solo llevaba una camisa y unos pantalones para cubrirse de este. No tenia idea de donde estaban su capa, su espada, su armadura y sus botas. Solo sabia que lo habían hecho prisionero, pero no conocía el como ni el por que.
Se concentro y trato de recordar. Recordó que estaba viajando hacia el este, triste, solitario y olvidado…. un pueblo perdido entre la nívea inmensidad…. una posada calida y acogedora…. una cama tibia…. una sombra en la oscuridad…. un cuervo de fuego….
De pronto, todo cobro sentido…. Entendió todo….
Sus enemigos lo habían atrapado, era obvio que lo consideraban peligroso. Se sintió orgulloso, y casi sintió pena por sus oponentes, a los que pensaba matar, uno por uno, lenta y dolorosamente, para así saciar el fuego de su venganza.
Volvió a ver la celda, iluminada por la pálida luz de una antorcha que había en el tortuoso pasillo que se extendía más allá de su celda.
Fue hacia la puerta y probó la dureza de los barrotes. Era excelente, y parecía tener algún tipo de encantamiento….
Se dio media vuelta y observo las paredes. Estas eran de roca y bastante irregulares, al igual que el piso, en el que se veían manchas de sangre y estaban desperdigados los huesos de muchos humanoides….
Oyó pasos en el pasillo. Era un paso ágil y ligero. Un elfo – pensó el guerrero. La figura se acercó a la puerta y el guerrero la miró.
Era un elfo, efectivamente.
La piel blanca, el cabello pálido y los ojos oscuros indicaban que era un elfo oscuro, una raza malvada y orgullosa, que rara vez se dejaba ver.
En la mano derecha traía una hogaza de pan, la izquierda jugaba con las llaves de la celda, que pendían del cinturón que ajustaba la cota de mallas del elfo.
Incluso la débil luz de la antorcha permitía ver que el pan estaba verde y mohoso.
El guerrero, ofendido, escupió en la cara al orgulloso elfo.
Insolente…. – dijo este, y desenvainó la espada….
Pasando una mano por entre los barrotes, el guerrero tomó la muñeca del elfo, torciéndola y obligando a este a soltar la espada; atrapo a esta última y la hundió cruelmente en la pierna derecha del pálido carcelero, que cayó al suelo.
Entonces, lo tomó por las botas y lo atrajo hacia si, quitándole las llaves del cinturón.
Abrió la celda. Salió. Tomó la espada. La hundió en la garganta del indefenso elfo.
Así que ahora contratan soldados de otras razas – pronuncio el guerrero de los ojos de fuego sin ninguna emoción.
Le quito las botas al cadáver y se las puso. Eran de excelente factura. Continuo avanzando, la espada en una mano y una antorcha en la otra. Comenzó a cruzar el pasadizo. Otro guardia apareció, y recibió fuego en el rostro y acero en el pecho.
Usando la llave del primer guardia, el guerrero abrió todas las celdas que encontraba a su paso. Estaban todas vacías. Excepto una. Esta estaba ocupada por un hombre alto y delgado. Había algo que le llamaba la atención, pero no podía adivinar que….

 

b.

Abrió la celda. Le ofreció la espada del segundo guardia. El prisionero la tomo.
Juntos, siguieron caminando por esos pasillos oscuros y opresivos.
Ni una palabra se cruzaron, pero parecían entenderse perfectamente….
Al final del pasillo encontraron una escalera. Subieron. En lo más alto había una puerta. La abrieron. Penetraron en una habitación amplia, con muchas puertas y escaso mobiliario. Eligieron una puerta al azar. La abrieron. Cruzaron, llegando a una amplia estancia con muchas celdas, escasa iluminación y muchos guardias de brillante armadura y rostros insensibles y crueles. Todas las celdas estaban ocupadas. Sus miradas se encontraron y se entendieron perfectamente. Deslizándose silenciosamente y moviéndose de sombra en sombra, abrieron las celdas, dejando que los prisioneros salieran a buscar la luz y la libertad que les habían sido negados hace mucho. Ellos dos se ocultaron en un rincón sombrío, esperando la oportunidad de escapar.
Cuando los prisioneros comenzaron a salir, los guardias, ya diestros en estas labores, desenvainaron sus armas, dispuestos a repartir la muerte.
Pero el ansia de libertad de los prisioneros era tan grande que lucharon con manos y pies contra el frío e inmisericorde acero de sus captores. Y vencieron. El puño venció a la espada.
Salieron de su sombrío rincón, ahora que había calma. Vieron los cadáveres de los guardias y los prisioneros decorando el lugar, las cabezas, la sangre y las vísceras adornando ese tétrico lugar.
Continuaron avanzando por el pasillo principal, abriéndose paso entre los cadáveres desfigurados. Al llegar al final, encontraron la escalera principal, pero un poco mas a la derecha, oculta por una oscuridad casi palpable, había una escalera secundaria. Sus diestros ojos la vieron, y en silencio, tan solo mirándose, decidieron subir por esta.
Al llegar arriba, encontraron, como siempre, una puerta. La abrieron y cruzaron, penetrando en una estancia repleta de objetos de diversos tipos. Un almacén.
En un rincón oscuro y olvidado, con la única utilidad de juntar polvo, estaban sus pertenencias. La espada, la armadura, la capa y las botas del guerrero, aunque estas ultimas ya no le eran necesarias, pues tenía las del elfo. El jubón de cuero, el cinturón y las espadas gemelas de su compañero. Parecían dos espadas comunes, cortas y rectas, sin ser demasiado anchas tampoco eran demasiado angostas. Su peso estaba perfectamente equilibrado y parecían esconder alguna propiedad mágica….
Se pusieron sus cosas y salieron por otra puerta, que debía dar al mismo lugar que la estancia principal.
Al cruzar la puerta, llegaron al fragor de la batalla, donde los prisioneros intentaban desesperadamente avanzar, pero eran rechazados una y otra vez por los guardias.
Era un campo de batalla complicado. Había muchas columnas y la iluminación era escasa. Las flechas cruzaban raudas el lugar, en busca de nuevas victimas, el acero ansiaba sumergirse en la sangre…. Y siempre había alguien dispuesto a complacerlo.
Mientras la furia del combate se consumía poco a poco los dos guerreros permanecieron ocultos, esperando pacientemente el fin de los gritos y la agonía...

 

c.

Cuando volvió la calma, salieron de su escondite, dispuestos a matar a los últimos guardias, que, exhaustos y cubiertos de sangre, no podrían defenderse ante el poder y la habilidad que poseían…
Y así fue. Los guardias cayeron ante el poder de sus aceros.
Al fondo de esa sala había una escalera grande y amplia. La salida.
Espera, tengo hambre – dijo el guerrero de los ojos de fuego, poniendo una mano sobre el hombro de su compañero.
Yo también – contesto su compañero.
Volvamos al almacén – propuso el guerrero de los ojos de fuego
Muy bien, vamos – respondió su compañero
Volvieron al almacén. Encontraron unos embutidos que colgaban del techo. Los descolgaron y se sentaron a comer en el suelo, disfrutando algo que les hacia falta hace mucho….
Estaban comiendo tranquilamente cuando se abrió una puerta y aparecieron varios guardias.
¡Mierda!, ¿es que ya no se puede comer en paz? – dijo furioso el guerrero de los ojos de fuego, mientras arrojaba violentamente el jamón que segundos había estado disfrutando, desenvainaba su espada y la hundía en el cuello del guardia mas cercano.
Las espadas de su compañero trazaron una equis en el cuello del segundo guardia.
El tercer y último guardia estaba tan asustado que comenzó a correr desesperadamente, tratando de salvar su vida, pero tropezó con un jamón, y al caer, murió atravesado por su propia arma.
¡Que lastima! Parecía un chico tan bueno…. y venir a morir así, chocándose mi jamón, que deshonroso…. – dijo el guerrero de los ojos de fuego, que se levanto, tomo el jamón del piso y siguió comiendo. Su compañero también.
Una vez satisfecho su hambre, pero no su sed, puesto que no tenían nada para beber, decidieron volver a la sala de las columnas.
Una vez allí, subieron por la escalera. Al final de esta había una trampilla. Intentaron levantarla, pero parecía tener algo pesado encima. Siguieron intentándolo, hasta que lo consiguieron. Subieron. Estaban en el almacén de una posada. Lo cruzaron y abrieron la puerta. Esta daba a la parte principal de la posada.
Estaban esperándolos, todos iguales, espada en mano, las túnicas negras, el cuervo de fuego, las mascaras…
Lucharon como nunca en sus vidas, ampliamente superados en numero, convirtiendo la batalla en una danza mortal gracias a sus espadas, convirtiéndose ellos en diestros bailarines, saltando, girando, agachándose y cortando, moviéndose al ritmo del entrechocar del acero contra el acero…
Estaban tomando vino de una de las pocas botellas que no se habían roto, sentados en el suelo, apoyando las espaldas contra la barra, ya que no habían quedado mesas ni sillas para sentarse. A su alrededor, y en medio de un caos y una destrucción inmensas, estaban desperdigados los pedazos de los asesinos, que habían sido hechos trizas en la batalla…..
Tenemos mucho de que hablar – dijo el guerrero de las espadas gemelas.
Es verdad, pero antes terminemos esta botella, puesto que es raro encontrar vino en estas frías tierras – respondió el guerrero de los ojos de fuego…

 

Capítulo IV

a.

Miraba atentamente a su compañero, esperando pacientemente….
Veía la brillante espada a un lado, junto a algunas botellas vacías, la cota de escamas de excelente factura, el pelo largo y la barba desprolija, la tez pálida, el rostro duro e impasible, como tallado en piedra, y los ojos de fuego; esos ojos peculiarmente naranjas y brillantes, que ahora miraban hacia la nada, perdidos entre un triste pasado y un incierto futuro….
He perdido todo, comenzó repentinamente el guerrero de los ojos de fuego. Tenía la voz quebrada y los ojos tristes.
Perdí a mi amada y lo perdí todo. El honor, la gloria, la fama, el poder, las riquezas, la fe, la vida y la muerte ya no significan nada para mí, son palabras a las que no puedo encontrarles un significado. El día en que ella murió, yo también morí….
Encontré algo que me alimentara y que me diera fuerzas.
Encontré la venganza.
Volví a nacer, solo odio, solo muerte…. un fuego quemando mi alma y ennegreciendo mi corazón….
Cuando el fuego de mi venganza se haya consumido, moriré, y volver a nacer, un hombre nuevo, con sueños y esperanzas….
Muchas cosas me has dicho, y otras tantas me has dejado entrever, guerrero de los ojos de fuego – dijo su compañero, y mi ayuda tendrás si lo que quieres es vencer a los asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego, puesto que mil y uno son los trucos y artimañas que conocen, y sus efectivos son tantos como las hojas del Gran Árbol.
Se que es una misión estupida, peligrosa y suicida, pero te acompañare, sea cual sea el camino que escojas, y seré algo que seguramente no tienes hace mucho tiempo, un amigo….
No me alcanzan las palabras para agradecerte, pero me veo en la obligación de preguntar porque me ofreces tu amistad, si apenas nos conocemos – dijo el guerrero de los ojos de fuego
Porque yo también deseo venganza, y lo que me han hecho esos bastardos no podría obtener el perdón de ninguno de los mil dioses – respondió su compañero
Entonces, ¿A que estamos esperando? Vayamos y hagamos que esos hijos de puta se arrepientan de haber nacido y de haber osado meterse en nuestras vidas – contesto exaltado el guerrero de los ojos de fuego. Estos parecían brillar, como reflejando la agitación de su fuero interno.
Muy bien, partamos ahora mismo, aprovechando que las tinieblas aun cubren el mundo – contesto el guerrero de las espadas gemelas, contagiado de la emoción de su compañero.

 

b.

Salieron de la posada, no sin antes tomar algunos alimentos del almacén. Iba a ser un viaje un viaje largo, muy largo. Robaron dos caballos, negros como la noche. Partieron, envueltos en las tinieblas, hacia el este, en busca de sus enemigos. Eran concientes de que seria una tarea imposible, un paso hacia delante y dos hacia atrás, luchar contra una organización tan poderosa. No les importaba. En sus corazones ardía con fuerza el deseo de aventuras, y eso, era algo que no se apagaría fácilmente.
Sus monturas eran rápidas, recorriendo un ancho camino de blancas piedras, ya gastadas por el implacable paso de los años.
La luz comenzó a ahuyentar a la oscuridad, y el mundo volvió a la vida. Los hombres comenzaban la cacería…., los elfos tocaban sus flautas, sentados en las ramas de los árboles que crecían formando un bosque a los lados del camino….
Nada parecía preocuparles, a pesar de saber que su raza estaba pereciendo y extinguiéndose, desangrada por las guerras; a pesar de todo seguían cantando y tocando para la luz. No tenían miedo, ni siquiera de los dos guerreros que iban a caballo por el camino.
Uno de los elfos de los bosques silbo y los caballos se detuvieron inmediatamente. Los guerreros estaban tranquilos, y ni siquiera desenvainaron sus armas, no seria necesario.
El elfo bajó del árbol. Era joven, o eso parecía, ya que nadie sabía cuanto vivían los elfos, y estos lo ocultaban celosamente. Uno de sus tantos secretos.
Tenía el cabello y los ojos del color de las almendras, y llevaba una daga, un arco y una aljaba con algunas flechas. Se los quitó, y le dio la daga al guerrero de los ojos de fuego, y el arco y la aljaba con flechas a su compañero.
Las necesitareis, creedme – dijo el elfo, que, dando media vuelta, volvió a su árbol. Mientras lo hacia dijo:
No olvidéis que el bien aun existe en el mundo, y que es en los lugares mas oscuros donde la luz brilla con mas fuerza.

 

Capítulo V

 

a.

Estaban bañándose en un calido estanque. El baño purifica el cuerpo y limpia el alma – pensó el guerrero de los ojos de fuego.
Quería cambiar. Tenia que. Pero seria difícil. Muy difícil. Estaba harto de matar. Se sentía vacío, como si le faltara algo...., aunque no sabia que. Sentía culpa y estaba arrepentido de las incontables victimas inocentes que habían caído bajo el poder de su mágico acero. Si luchaba contra el mal, no tendría que usar las mismas armas que este, pues acabaría convirtiéndose en su enemigo....
Lucharía contra sus enemigos, esgrimiendo la venganza como un estandarte, aun sabiendo que esta podría corromperlo, como había hecho hasta ahora, sin embargo, ahora las cosas eran distintas, aunque no sabia que es lo que había cambiado.
Era conciente de que tendría que luchar contra su manía asesina, tanto por su bien como por el de los demás.
Lucharía, entonces, y recuperaría la luz que había perdido hace mucho....
Luz...., eso era lo que le faltaba.
Ahora lo veía todo claro, y sentía un nuevo resurgir en su interior
No seria fácil, pero cambiaria….
Acaricio el agua con los dedos. No era agua normal. Estaba tibia, lo cual era raro, debido al frío que reinaba perpetuamente en esa región, y además parecía irreal, como si perteneciese a otro mundo, parecía…. mágica.
¿Sabes algo de este estanque, compañero? – pregunto el guerrero de los ojos de fuego.
Pues claro que si, compañero, contesto el guerrero de las espadas gemelas.
Cuéntame entonces, amigo.
Muy bien, presta atención, pues te contare la historia de estas tristes aguas.
Laerlyn. Ese es el nombre del estanque. Es vigilado por los elfos de los bosques, guardianes de la naturaleza y eternos nómadas. Respetuosos de la vida y generosos, inclusive con los extraños. Es por eso que ese elfo nos regalo sus armas, la posesión mas valiosa que puede tener un elfo.
Un guerrero debe ser uno con su arma. Así reza una antigua tradición élfica, y por eso, nuca veremos un arco o una daga como estos, pues cada guerrero crea sus propias armas, para que sean uno con el….
El valor de estas armas es incalculable, aunque sigo sin comprender como pudo desprenderse de ellas, que representan prácticamente su vida….
Veo que estas versado en muchos temas, compañero, si te soy sincero, no creía que poseyeras tales conocimientos – interrumpió el guerrero de los ojos de fuego.
Recuerda que las apariencias suelen ser engañosas, mi amigo – contesto su compañero. Puede que haya sido un líder y rebelde, y que haya luchado contra el poder y la opresión que parecen gobernar este mundo, pero también he tenido tiempo para aprender historias, tanto antiguas como populares….
Muy bien, continua entonces, y disculpa mi intromisión – dijo el guerrero de los ojos de fuego, mostrando una sonrisa irónica,
Bien, continuo – contesto su compañero, que comprendiendo la broma, sonrió también.
Cuando no éramos mas que tiernos y dulces niños, hubo una gran guerra que sacudió este y otros mundos, otra épica batalla entre el bien y el mal. Se dice que muchos actuaron en nombres de otros, engaño y traiciones entre los dioses inclusive, que manipularon a los mortales a su antojo, provocando que la sangre, el fuego y la muerta arrasaran este mundo....
Seguro que aun podéis recordar a los caballeros errantes, los paladines de Vaelor, todo oro y plata. Eran gente buena y valiente, esos elfos, porque eran todos elfos de la luz, leales y dispuestos a luchar hasta el final. Perecieron en la guerra contra los orcos. Los orcos también perecieron, y sus infectos pies ya no mancillaran estas frías pero bellas tierras.
Muchos aun lamentan el final de los elfos de la luz, y tienen razón, porque lo que ahora se cierne sobre nuestro mundo es aun peor que las terribles invasiones de orcos que ocurrieron hace ya dos décadas....

 

b.

Ahora hay rumores...., una nueva amenaza...., los muertos se levantan de sus tumbas, vuelven a aparecer los liches y los nigromantes, a los que se creía desaparecidos hace mucho.... abominaciones...., pestes...., criaturas que con su existencia ofenden a todas las criaturas vivas....
No nos merecemos esto...., es como si los dioses nos hubieran abandonado.... - respiro profundamente y reprimió las lágrimas que acudían presurosas a sus ojos.
Pero estoy desviándome mucho de mi historia....
Laerlyn fue una elfa, de ojos vivos y perpetua sonrisa. La magia fluía fuertemente por sus venas, y eso le dio grandes habilidades. Tenía un amor, un elfo alto y valiente, un maestro con el arco. El fue a la guerra contra los orcos. No permitió que ella lo acompañara, porque no quería verla sufrir, y partió. Jamás regreso. Nadie sabe que le paso, si pereció o se extravió. Y ella lo espero, durante, días, que se convirtieron en meses, y los meses en años.
Se dice que espero durante una década, y llena de rabia y dolor llego a este estanque y lo encanto, para luego quitarse la vida. La magia que le dio a estas aguas es muy poderosa, y beberlas permite aclarar la mente y sentirse en paz, reconfortado Le dio a esta agua todo lo que ella quería, y que nunca más podría obtener….
Hasta el día de hoy es un misterio donde esta su cuerpo, que jamás fue encontrado….
Y esa, compañero, es la historia del estanque de Laerlyn, una historia triste, al igual que la mayoría de las historias, lamentablemente…. – finalizo el guerrero de las espadas gemelas.
Es una gran historia, ciertamente, a pesar de su final, y ahora, ya que me has contado una historia, debo contarte la mía, así que ponte cómodo, porque la historia que vas a oír, es sobre mí….
Así es, compañero, voy a relatarte mi vida – dijo el guerrero de los ojos de fuego.

 

Capítulo VI

 

a.

Una sombra se movió sutilmente en la oscuridad, sin que ninguno de los dos guerreros se diera cuenta.
Mi nombre carece de relevancia en estos momentos.... – estaba diciendo el guerrero de los ojos de fuego. Se encontraba sentado, seco y vestido, con los largos cabellos recogidos y la barba recortada prolijamente. Miraba las calmas aguas del estanque de Laerlyn.
A sus espaldas ardía un pequeño fuego, vigilado por su compañero, el guerrero de las espadas gemelas.
Fuera del circulo de luz y calor, una oscuridad tan negra que casi se podía tocar, se extendía interminablemente. Eran las horas oscuras, cuando el Árbol descansaba y privaba al mundo de su luz y calor.
El guerrero de los ojos de fuego se levanto, camino y se sentó cerca del fuego. Acerco las manos al calido fuego y respiro profundamente, intentando desenredar la maraña de pensamientos que lo envolvían, asfixiándolo.
....al igual que muchas otras cosas – continuó, mientras su compañero prestaba atención a cada palabra – cosas que aun no puedo revelarte, que duelen mas que una daga en el corazón, cosas que algún día voy a contarte, pero ese día no es hoy.
Por ahora, voy a contarte esto:
Nací y crecí en un pueblo pequeño, donde el frío es aun más cruel que aquí y la muerte abraza demasiado pronto a los hombres.
Eran tiempos duros, aun más duros que de costumbre, tiempos de guerra y de muerte, de rostros tristes y grises, y de pena y de llanto.
Nos manteníamos gracias a la caza, siempre abundante, y que parece ser la única bendición entre tantas maldiciones que nos han dado los dioses....
Nuestro pueblo crecía a los lados de un camino, una ruta comercial que se dirigía a una gran ciudad.
Siempre soñé, deseé y recé para poder vivir en una gran ciudad, quizás porque mi infancia, a pesar de que tuvo momentos felices – demasiado pocos, diría yo – durante gran parte de esta tuve que trabajar, mientras poderosos señores pasaban a nuestro lado, sin siquiera mirarnos....
Ahora me doy cuenta que los envidiaba, pero eso fue hace tiempo y ya no importa....
Un día, cuando apenas había pasado una década de mi existencia, mi padre se fue.
- Tengo que ir a la guerra hijo, pero volveré. Cuídate y cuida a tu madre. – esas fueron las ultimas palabras que me dijo mi padre....
No lo culpo por habernos abandonado, puesto que el mismísimo rey de esas tierras necesitaba soldados, y yo era demasiado joven para acompañar a mi padre. Al parecer, había una gran invasión de orcos, y se necesitaban todas las espadas posibles para contenerlos.
Mi padre fue un gran hombre y espero que haya sido un gran soldado, y mas allá del destino que le haya tocado, siempre lo recordare con afecto....
Mi madre estaba embarazada, aunque yo era solo un niño y no lo sabia.
Esos fueron los peores días de mi vida. Trabaje tanto que pensé que se me iba a partir la espalda....
Y fue uno de esos que, al volver a mi hogar con una hogaza de pan, el pago por el trabajo se ese día, que vi algo que jamás olvidare, y que me cambio para siempre....
Hizo una pausa. En su voz se notaba un dolor profundamente arraigado, pero continuó con la historia.
Abrí la maltrecha puerta de mi casa, camine hacia la cama donde mi madre yacía, para mostrarle lo que había conseguido con mi esfuerzo, y la sonrisa desapareció de mi rostro....
Mi madre sostenía un bebe en brazos…. Estaba muerto, al igual que ella. Esa imagen aun me persigue en sueños….
Se tomo una larga pausa. Sentía que algo se agitaba en su interior. Prosiguió con la historia.
Me fui de mi hogar y recorrí triste y solitario el camino hacia la gran ciudad. Aun puedo ver mis pequeños pies descalzos sobre la nieve, y sentir el hambre y el frío.
Robé, mendigué e hice muchas otras cosas buenas y malas, pero sobreviví. Crecí y llegue a mi segunda década. Obtuve un trabajo. Compre una pequeña casa. Me case. Fue un tiempo feliz, pero lo que sucedió después opaca con creces esa felicidad.
Mi pasado me condenaba. Malos tratos y peores compañías. Deudas y enemigos.

 

b.

Pero el amor que me dio mi mujer me hizo olvidar mi pasado, y por un tiempo, ser feliz….
Pronto iba a ser padre…. nunca había estado tan feliz en toda mi vida, pero el pasado no se olvidó de mí….
Faltaba poco para el nacimiento de mi hijo. Era de noche. Mi esposa y yo estábamos durmiendo…. llovía…. aparecieron de la nada…. nos despertaron…. túnicas negras…. el cuervo de fuego cosido a estas…. las mascaras…. las espadas....
No pude hacer nada por evitarlo.... no pude detener el dolor y el sufrimiento que pronto comenzaron....
A mi, me ataron a una silla, - para que pudiera disfrutar el espectáculo – me dijeron.
A mi esposa, la colgaron de un tirante, atándola de las muñecas. Sus pies no llegaban a tocar el piso...
No podía entender de donde sacaba fuerzas para seguir, pero siguió contando la historia, con los ojos llenos de lágrimas....
Hubo gritos, amenazas, golpes, risas y sangre.... Mi mujer fue vendada, amordazada y desnudada.
Uno de los asesinos, al parecer el líder, desenvainó una larguisima espada, se paró frente a mi mujer, y en un único movimiento, la abrió desde el cuello hasta el vientre....luego, arrancó a mi hijo de sus entrañas, y lo puso frente a mi. Ambos llorábamos, yo, de rabia y el, de haber sido arrancado de su calido hogar. Mientras yo lo miraba, el líder de los asesinos, que era la única que no llevaba mascara, y tenía los ojos oscuros y el cabello claro, dejo caer a mi hijo al suelo. Luego lo levanto, y lo volvió a tirar. Y así una y otra vez, mientras yo miraba impotente. Después, se lo paso a otro de los asesinos, que comenzó a golpearlo una y otra vez contra la pared, y este, una vez se cansó, se lo paso a su compañero, que lo pateo sin descanso. Para ese entonces, ya no era nada más que una informe masa roja y muerta.
Luego se fueron.... y todo se convirtió en silencio y oscuridad.

 

c.

Ni aunque pasasen mil años y los dioses destruyeran el mundo para luego rehacerlo, y ni aunque el Árbol se pudriese y se cayera el cielo, podría olvidar lo que me hicieron. Pronunciaba estas palabras con odio y dolor salidos de lo más profundo de su alma torturada. Nunca olvidare el rostro de su líder. Recuerdo que era una mujer de rubios cabellos y de gran belleza, y llevo marcado a fuego su rostro y sueño cada día y cada noche con su muerte. Era la única que no llevaba una mascara....
Mientras permanecía mirando lo que habían hecho con mi familia, jure que mataría a todos los asesinos de la orden del cuervo de fuego, costase lo que costase....
Logre desatarme, sin embargo, ya no había nada que hacer. Abrace a mi hijo. Llore. No se cuanto tiempo pase en esa posición. Debieron de ser varios días. Comenzó a llegar gente a la casa, extrañada de que nadie hubiera salido de la casa desde hacia varios días....
Creyeron que estaba loco…. Que había matado a mi amadísima esposa y a mi hijo, carne de mi carne….
Quisieron encarcelarme…. Ilusos…. Ahora yo era solo muerte y sangre….
Huí de la ciudad, dispuesto a cumplir mi juramento, que hasta el día de hoy, sigue en pie.
Y esa, es mi historia....
Se deshizo en lágrimas, pero se sentía mejor por haberlo contado, aunque los recuerdos torturaban sin piedad su alma.

 

Capítulo VII

 

a.

La sombra continuaba observándolos; los guerreros aun no habían advertido su presencia.
Estaban abrazados, como si eso pudiera contener la maraña de emociones que lo sobrepasaban. Le hacia bien el apoyo y la contención que le brindaba su compañero.
- Gracias - fue lo único que pudo decir el guerrero de los ojos de fuego, con la voz débil, como si ya no le quedaran fuerzas. Se separó de su compañero.
- No es nada, amigo - respondió el guerrero de las espadas gemelas.
- Y ahora que conoces mi historia, creo que es hora de que me cuentes la tuya.
- Bien, aquí va:
Aunque he pasado por duras pruebas, y no todas con éxito, las cosas que te han tocado pasar son mucho más duras que las que pase yo, a pesar de que tenemos casi la misma edad....
Mi niñez transcurrió en la miseria absoluta. Fue dura, demasiado, diría yo. La ciudad no es un lugar fácil. Tenia muchos hermanos; sin embargo, no todos pudieron crecer - por un momento la voz le tembló y el rostro se le ensombreció. No era fácil alimentar a una familia tan grande, y el frío y el viento no mostraron piedad con nuestra familia. Tenía siete hermanos. Cuando cumplí mi primera década, tan solo quedábamos tres con vida. El frío y el hambre se llevaron a los demás.
- Respiró hondo, las palabras se le agolpaban en el pecho. Sin embargo, sobreviví. Un lustro paso, y abandoné a mi familia. Después de todo les iría mejor sin mi. Nunca volví a verlos, y ni siquiera ahora deseo saber cual fue su destino.
Mi juventud fue aun peor que mi infancia. Trabaje y trabaje, cada día y cada noche por el siguiente lustro. Y no gane nada. Había cumplido mi segunda década y no tenia nada - la rabia se notaba claramente en sus palabras. Me rompí el alma, pero nunca obtuve nada. Las míseras monedas que conseguía eran para pagar los impuestos. Mentira - pareció escupir la palabra. Lo único que hacia el gobierno con el dinero del pueblo, era guardárselo en sus asquerosos bolsillos, mientras nosotros, el pueblo, nos hundíamos mas y mas en la mierda. Eso no le importaba al gobierno, tan solo prestaban atención a su dinero.
Así vivía la mayor parte del pueblo, excepto los ricos&. y los magos - vomitó esta última palabra, y un odio largamente oculto salio a la luz. Vivíamos bajo una magocracia, oprimidos por un poder que no podíamos entender; en una esclavitud disfrazada.
Pero me harte - y cuando pronuncio estas palabras, los ojos le brillaron. Me canse de que nos trataran peor que animales, y decidí revertir la situación, costase lo que costase....

 

b.

Así es amigo, yo planee una revolución. Lenta, muy lentamente, y a espaldas del gobierno, comencé a armar un ejército, con la intención de derrocar al gobierno y poner en su lugar a un hombre más justo.
Al principio éramos unos pocos, pero luego nos volvimos cientos, y al final, miles, porque era una ciudad muy grande, la mas grande de esta región.
Tenía soldados, herreros e incluso magos, todos leales y valientes, dispuestos a dar la vida por la revolución. Nos reunimos en las alcantarillas de la ciudad, planeando lentamente nuestra venganza También había un hombre al que habíamos elegido para que se convirtiese en el nuevo líder de la ciudad. Y estoy seguro de que ese hombre llegaría a ser un gran gobernante, por el simple hecho de que era igual a todos nosotros, un pobre, pero con un corazón de oro.
Luchamos contra los magos, pues nuestras armas nos protegían de los magos, pero ellos contrataron a los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego en calidad de mercenarios para que nos aniquilaran brutalmente&.
Había una mujer; yo la amaba, y creí que ella me amaba, pero luego, cuando ya era demasiado tarde como para hacer algo, me di cuenta de que no era así, y de que me utilizaba.
Y lo que hizo, es imperdonable....
Nos traiciono, y se unió a nuestros enemigos - se le atragantaron las palabras. Ella se sumó a las filas de los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego.
Fue el peor momento de mi vida, y trate de mantenerme fuerte, pero no pude. La revolución falló y miles de hombres y mujeres valientes perecieron en las alcantarillas, rodeados por los asesinos y los guardias de la ciudad....
Hice todo lo que pude.... y luche como nunca en mi vida....
Ella en persona me capturó me llevó a la prisión donde me encontraste....
No se que es lo que pasó con los que sobrevivieron a la cruel carnicería en las malditas alcantarillas, no se si viven o mueren, y no se que habrá sido del hombre que habíamos elegido para gobernar....
La prisión.... Debo haber pasado un lustro ahí dentro un lustro o dos.... Si. Deben de haber sido dos; una década.... Demasiado tiempo solo.... oscuridad.... pocos alimentos....
Si pretendían quebrarme, no lo lograron.... tan solo consiguieron hacerme mas fuerte....
Luego me liberaste, y desde entonces te acompaño, buscando venganza....
En silencio, la sombra pronunció unas palabras....

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Capítulo VIII

 

a.

La luz y el calor comenzaban a inundar el mundo, aunque poco de ese calor llegaba a una región tan alejada del Árbol....
Finalmente, la sombra decidió salir de su escondite entre los árboles que rodeaban el estanque de Laerlyn, y, echando hacia atrás la capucha de su larga y lujosa capa forrada con la piel de un oso polar, se mostró ante los dos guerreros que, al mirarla, dijeron al mismo tiempo:
¡Tu! - sus miradas se cruzaron por un momento; no entendían nada, ¿Acaso ambos la conocían? Pronto se dieron cuenta de lo que pasaba.
Así es, yo - la voz de la mujer era fría como el hielo y cortante como el acero. Yo, la que aplaste a tu patética revolución, y señaló al guerrero de las espadas gemelas; y yo, la que maté a tu esposa, y señaló al guerrero de los ojos de fuego....
¡Hija de puta! - dijo este, y le arrojo la magnifica daga que le había dado el elfo directo a la frente. Ella ni siquiera se movió; seguía mirando a los guerreros. Cuando la daga la atravesó, la mujer se convirtió en neblina, que el viento pronto dispersó, mientras hacia extrañas canciones con las hojas de los árboles. Ahora solo podía verse la empuñadura de la daga, la hoja estaba incrustada en el tronco de un árbol.
Nuevamente, las miradas de los guerreros se cruzaron; sus ojos estaban llenos de interrogantes.
¿Acaso creían que iba a venir hasta aquí sin tomar precauciones contra dos guerreros tan bravos y poderosos? - La mujer pronuncio estas palabras con ironía, mientras salía de detrás de otro árbol y se acercaba a los guerreros.
¿Es que no saben con quien se están metiendo, y no conocen el poder y la habilidad que poseo?

 

b.

El silencio fue la única respuesta que obtuvo....
Muy bien, entonces les diré quien soy y a que vine:
Yo - y subrayó esta palabra, mostrando por un momento un gran orgullo - soy la gloriosa líder de los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego, y esta - dijo, mientras mostraba el intrincado dibujo que tenia marcado a fuego en la mano derecha - es la marca de mi orden. Somos la mayor y mejor orden de asesinos en todo Galath, y solo los mejores y más despiadados criminales de todas las razas pueden aspirar al honor de unirse a nosotros. Solo los señores mas ricos y poderosos pueden contratarnos, y hacemos cualquier tarea que nos encomienden, y nunca fallamos.
Hizo una breve pausa para tomar aire, y luego continuó:
Cada misión, cada crimen que cometemos, no solo debe realizarse perfectamente, también es importante el modo en que se realizó la misión y como fue ejecutada la victima; cuanto mas original haya sido el crimen, y cuanto mas haya sufrido la victima, mejor.
En tu caso - y señaló al guerrero de los ojos de fuego con una mano pálida, hermosa y delicada - tu esposa e hijo no eran las victimas; ¡Tu eras la victima!, sino, no te hubiéramos perdonado tu patética y miserable existencia. Nuestro objetivo era hacerte pagar caro tus errores, para enseñarte que el que nos busca, nos encuentra - estas ultimas palabras estaban impregnadas de veneno.
Se tomó otro breve respiro y prosiguió:
Y en cuanto a ti - y miró con sus hermosísimos ojos de un azul aun mas intenso que el del mar al guerrero de las espadas gemelas - los magos nos contrataron para que los cazáramos como si fuesen animales. Fue un trabajo entretenido y muy bien pagado - se pasó la lengua por los labios del color de la sangre, estos estaban resecos por el frío.
Tanta charla debe haberlos aburrido, ¿O no? al no obtener ninguna respuesta, siguió - Muy bien, entonces les diré por que vine hasta aquí.

 

c.

La razón por la que he estado siguiéndolos es para advertirles que los asesinos que han matado no eran mas que novatos, y los próximos estarán mejor entrenados y les harán las cosas un poco mas difíciles.
Y por ultimo, y a modo de despedida, les diré donde esta la base de operaciones de nuestra orden, y donde me encontraran a mi y a todos los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego, para que así podamos ajustar cuentas de una vez por todas.
Es en la gran ciudad de Levor, al otro lado del mar, donde nos encontramos. Asi que si lo que planean es matarme, ya saben donde encontrarme. Dicho esto, desapareció entre los árboles, agitando sus largos cabellos de oro....
No sin esforzarse, el guerrero de los ojos de fuego sacó la daga del árbol y le dijo a su compañero:
- Será nuestro peor enemigo, pero está muy buena.
Su compañero lo miró, y se rieron durante un largo rato.

 

Capítulo IX

 

a.

¿Estas seguro? - preguntó por enésima vez el guerrero de las espadas gemelas.
Si, estoy seguro. - respondió con pesadez el guerrero de los ojos de fuego. Y ya deja de preguntarlo, que es bastante molesto tener que darte cien veces la misma respuesta, puesto que no voy a cambiar de opinión.
Esta bien, pero es que no creí que quisieras ayudarme - contestó el otro.
¿Y por qué no? - dijo el guerrero de los ojos de fuego. Después de todo nos queda de paso, ¿No? - añadió.
Si, aunque desconozco como estarán las cosas actualmente, y aun rezo porque algunos de mis compañeros estén con vida - contestó su compañero.
Bueno, eso es algo que averiguaremos muy pronto - dijo el guerrero de los ojos de fuego.

Ya habían pasado seis días; una semana, desde su encuentro con la líder de los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego. Había sido algo que ninguno de los esperaba. Lo último que esperaban era que su enemigo se hubiera mostrado abiertamente ante ellos. Además, la charlatanería barata que les había dado los desconcertaba. Ellos eran gente sencilla, y los discursos los aburrían, al menos este había sido bastante breve, sino se hubieran echado a dormir. Pero lo más raro era que ella supiera exactamente donde se encontraban, como si los vigilase constantemente. Ahora estaban intranquilos y sentían que sobre ellos se cernía una amenaza invisible.
Sin embargo, aun tardarían mucho en consumar su venganza, pues Levor estaba muy lejos en el este, cruzando el Mar, y ellos estaban muy lejos de este. No tenían idea de cómo podrían llegar hasta allá.
Pero por ahora tenían otra cosa que hacer.

 

b.

Estaban cansados, e iban a pie por el blanco sendero. Cada vez se acercaban más a una ciudad grande e importante. Tres noches atrás habían llegado a una aldea miserable, que no era mas que un conjunto de casas deformes y retorcidas por el frío cruel, que aun era bastante fuerte, aunque cada vez menor, pues cuanto mas viajasen hacia el este mas calor encontrarían en las tierras mas cercanas al Árbol, El Dador de Luz, Calor y Vida. Todos sabían que el Árbol era lo único que permitía que la vida se desarrollase en Galath, pues las ramas del Gran Árbol sostenían el cielo y las raíces la tierra de ese mundo plano. Y era un mundo duro y cruel, pero hermoso, al ser el primer mundo en nacer.

Les dio tanta lástima penetrar en la destartalada cabaña que hacia de almacén y robar algunos alimentos para poder continuar con su viaje que dejaron los caballos como pago, para así resarcir, al menos en parte, a sus pobres habitantes. Lo que ellos no sabían era que un caballo valía mucho más que la comida, pues eran difíciles de criar y mantener, y la mayoría venían de las regiones más templadas de Galath, donde había grandes llanuras.

El guerrero de las espadas gemelas estaba nervioso, y a pesar de que el helado viento le cortaba la cortaba la cara, sudaba, y echaba nerviosas miradas a las demás personas que transitaban por el camino, que pronto penetraría en la ciudad, para convertirse en la calle central y luego salir por el otro lado y seguir siendo un camino hasta la próxima ciudad, y así por todo el mundo, atravesando las ciudades mas importantes de este.
Su compañero, el guerrero de los ojos de fuego, tenia una actitud desconfiaba y recelosa, y miraba todo y a todos, como esperando que los pocos árboles que había a los lados del camino y la gente que transitaba por este se convirtiesen en demonios que se abalanzarían sobre el para beber su sangre, devorar su carne y torturar su alma una y otra vez por toda la eternidad.
Pero nada de esto ocurrió, y se encontró junto a su compañero mirando los imponentes muros que protegían la ciudad, mientras la gente continuaba caminando hacia la ciudad. Casi toda la gente era pobre, y estaban vestidos con harapos y llevaban sus cosas en bolsas que les colgaban de la espalda, mientras llevaban a sus hijos en brazos. Los mas pudientes iban en carro y estaban mejor vestidos y alimentados que los demás. Eran comerciantes, y pertenecían al Gremio de Comerciantes, que había hecho construir el Gran Camino Blanco hacia muchísimos años, y que cada tanto era reparado y ampliado. Era una verdadera lastima que la mayoría de la gente que llegaba a la ciudad no tendría futuro, no mientras los magos tuviesen el poder. Pero eso pronto cambiaria, o por lo menos eso esperaba el guerrero de las espadas gemelas.
Los guerreros cruzaron las puertas de la ciudad, y pronto todo cambió. Toda la ciudad era de piedra gris, y los edificios eran altos y delgados, lo que le daba un aspecto tétrico, incluso a la luz del día. Caminaron durante un rato, sin saber muy bien a donde ir. De pronto un hombre alto y que ocultaba su rostro con una capucha, chocó intencionadamente con el guerrero de las espadas gemelas y, disimuladamente, le entregó una piedra pequeña, plana y con un sencillo dibujo. El hombre se disculpó y pronto desapareció entre la multitud, pues los guerreros caminaban por la calle blanca o la calle principal, la mas importante de las grandes ciudades.
Sígueme - le dijo el guerrero de las espadas gemelas a su compañero. Y con una sonrisa añadió:
La Revolución está viva. Debemos buscar un edificio que tenga esta forma. Entonces le mostró la pequeña piedra. Esta tenía dibujada en su superficie una corona de tres puntas.

 

c.

Recorrieron una multitud de calles, buscando el edificio. Era difícil caminar. Por las calles circulaba una enorme cantidad de gente, y el suelo era en su mayor parte una mezcla de barro seco, nieve y basura. Había mendigos y carteristas por todos lados. Al guerrero de los ojos de fuego no lo sorprendió la situación, pero dejó escapar una lágrima de tristeza.
Pasaron frente a un pequeño templo, dedicado a Vaelor, un dios justo y bondadoso. Se arrodillaron en el barro y la porquería y le rezaron a Vaelor para que les diese fuerza en el combate y sabiduría en la diplomacia, aunque ellos no eran muy diplomáticos.
Luego de andar un poco más, llegaron a una posada. El cartel de esta tenia el dibujo de una corona de tres puntas. El guerrero de las espadas gemelas golpeó la puerta con fuerza pero gentileza. Una hendidura y unos ojos aparecieron, y una voz preguntó:
¿Cuál es la contraseña?
Prefiero morir de pie que vivir de rodillas – contestó el guerrero de las espadas gemelas.
Bien, adelante – dijo la voz del hombre al tiempo que descorría los cerrojos y abría/ la puerta.
Los guerreros entraron. Afuera comenzaba a llover.

 

Capítulo X

 

a.

- ¿Nada mas? - preguntó el guerrero de las espadas gemelas. Había ironía y tristeza en su voz.
- No señor - contestaron varias voces.
- Bien, pronto mi amigo - y miró al guerrero de los ojos de fuego; este asintió levemente - y yo nos pondremos en marcha
- Como guste señor, y recuerde que en el sótano esta la armería, por si usted o su amigo necesitan algo - dijo el hombre que les había abierto la puerta; le decían el portero.
- Gracias, portero - contestó el guerrero de las espadas gemelas.

La Revolución iba muy mal. Apenas quedaban dos docenas de hombres y mujeres fieles. En su mayoría eran guerreros, y cada uno llevaba un arma distinta: espadas cortas, largas, bastardas, mandobles, hachas de uno y dos filos, lanzas y jabalinas, mazas y martillos, y escudos grandes y pequeños de madera y hierro. Cotas de malla, jubones de cuero o piezas de placas de acero les cubrían el pecho y la espalda. Botas duras y blandas, algunas con punta metálica, guantes de cuero o cota de malla, brazales de acero o cuero les protegían el resto del cuerpo, excepto la cabeza, pues preferían dar la cara a sus oponentes, algo bastante temerario y, en cierta forma, estupido.
Los pocos arqueros (una media docena) portaban arcos largos y cortos, y aljabas de veinte flechas en la espalda. De cuero blando y duro, eran sus armaduras, y también de cuero las botas y las muñequeras. Una cinta roja llevaban atada en el antebrazo, y siempre levantaban el brazo antes de disparar, para saber de donde venia el viento.
También tenían un mago; un extranjero. Venia de una gran ciudad que se encontraba al sur de las montañas conocidas como La Espada Roja. A los lados de la ciudad, y a cierta distancia había dos lagos. Eran largos, profundos y ovalados, y en el centro de cada uno sobresalía una gran roca. Por eso se llamaban Los Ojos. No muy lejos al este se encontraba el Mar.
Este mago era el único que tenían los revolucionarios, pues el otro había muerto. Todas las armas que llevaban los revolucionarios tenían el poder de anular la magia que se dirigiese hacia su portador. El mago había muerto mientras encantaba las armas, pues darle poder a un objeto requería un gran esfuerzo físico que el pobre mago no pudo soportar.

 

b.

Es muy, pero muy grave la situación - pensaba el guerrero de las espadas gemelas. Y no solo porque quedamos tan pocos revolucionarios, sino porque el hombre al que vamos a colocar en el gobierno, fue capturado hace cinco años.
Sin embargo, hoy vamos a rescatarlo - dijo, y miró a su gran amigo y confidente, el guerrero de los ojos de fuego.
Así es, compañero - dijo el guerrero de los ojos de fuego.
De todas las armas, armaduras y escudos que había en la armería, tan solo tomó un sencillo par de guantes de cuero. Los apoyó en una mesa, y sacó la daga élfica. Les cortó los dedos y se los puso. Había hecho esto para poder manejar con soltura su espada. También llevaba una cota de escamas, un tipo de armadura ligero y cómodo, que le cubría desde el pecho hasta las rodillas. Se la ajustaba a la cintura con un cinturón de cuero sencillo, sin ningún tipo de adorno. A la izquierda llevaba la daga y la derecha la espada, puesto que era zurdo. Esta iba en una sencilla vaina de cuero. El mago tenía su espada. Se la había dado para que la analizase y le dijese si tenia algún otro poder mágico que el desconocía. Por ultimo, llevaba un par de botas muy cómodas y apenas gastadas. Las había obtenido de un elfo un poco "orgulloso".
Se había lavado la cara y recogido los largos y claros cabellos en una sencilla trenza. Hacia poco había cumplido su tercer década, y sabia que se estaba poniendo viejo. Su cuerpo y su rostro habían sido castigados duramente por las peleas, las preocupaciones, las pesadillas, el frío, el viento, la nieve y la escasa comida. Todo eso hacia mella en el; lo sabía. Estaba cansado y necesitaba dormir en una cama de verdad; no en el suelo. Su deseo de eliminar a todos los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego lo abrumaba, y tenia ganas de mandar todo a la mierda y de volver a su pueblo natal. Pero no lo haría, pues el nunca faltaba a su palabra.
Estaba hambriento. Tan solo había comido una hogaza de pan duro y bebido un poco de cerveza tibia para quitarse el frío. No había comido mas porque pronto tendría que luchar, y era mejor comer poco antes de una batalla, no fuese a pasarle que le dieran ganas de cagar en el medio de la pelea.


c.

Subió lentamente las escaleras que daban a la planta baja de la posada que los revolucionarios utilizaban como cuartel general. Por razones de seguridad, cambiaban de lugar una vez por mes, para así mantenerse a salvo de los soldados.
Cuando llegó arriba, le preguntó al mago:
- ¿Habéis averiguado algo sobre mi espada? - le preguntó al mago No sabía bien por qué, pero confiaba en ese mago y en los demás revolucionarios. Había un aire de camaradería, de solidaridad entre todos ellos que le encantaba. Por primera vez en varios años, se sentía seguro entre los revolucionarios, y podía relajar la guardia y dejar de pensar que alguien lo apuñalaría por la espalda.
- Si - respondió sencillamente el mago, devolviéndole el arma. El guerrero la guardó en la sencilla vaina. Ni humanas ni élficas son las manos que han forjado esta arma - estaba diciendo el mago - Esta arma ha sido forjada por y para enanos. Como llegó a tus manos, es algo que solo tú sabes, guerrero.
- La robé - contestó sencillamente el guerrero de los ojos de fuego. Pero el dueño del comercio era humano, y esta era la única espada de este tipo que tenía.
- Curioso - dijo el mago, acariciándose la barba prolijamente recortada. Estas armas no se comercian, pues esta es una espada exploradora. Como su nombre lo indica, es utilizada para explorar. Fue forjada en las profundidades de la Espada Roja, las montañas que se encuentran al norte de mi ciudad. Hay dos cosas que señalar sobre este tipo de armas. La primera es que su filo es superior al de las espadas normales, aunque no se si es por magia o por el metal con el que están hechas. Además, nunca pierden el filo, ni siquiera si se quiebran y se vuelven a forjar. La segunda cosa es que brilla en la oscuridad. Y esto es así porque en las profundidades de las montañas habitan criaturas que los humanos nunca las hemos visto. Ahora bien, tan acostumbradas están a la oscuridad estas criaturas que le tienen miedo a la luz y huyen de esta. Estas espadas van a la vanguardia y a la retaguardia de las patrullas de enanos, protegiéndolos de los horrores sin nombre de las montañas. Por supuesto que ellos no necesitan luz, pues pueden ver en la oscuridad, pero estas espadan los cuidan.
- Gracias, ¿Hay algo más que deba saber? - inquirió el guerrero de los ojos de fuego.
- No, nada, señor - contestó el mago.
- Bien. ¿Estas listo? - le preguntó el guerrero de los ojos de fuego de fuego a su compañero, el guerrero de las espadas gemelas, mientras este se acercaba a él
- Si, vamos - respondió el guerrero de las espadas gemelas, mientras habría la puerta.
Afuera hacia frío, llovía a cantaros y era de noche.

 

Capítulo XI


a.

Corrían bajo la lluvia, esquivando los charcos que encontraban a su paso mientras recorrían las calles de la ciudad. Tantas eran las vueltas, los giros, las idas y venidas que daban, que parecía que recorrían un laberinto y no una ciudad. Los altos edificios se cernían sobre ellos, amenazándolos. El cielo, que estaba gris, al igual que siempre, no les arrojaba demasiada luz. Pero no importaba, pues el guerrero de las espadas gemelas conocía de memoria todas y cada una de las calles de la ciudad, pues esa era la ciudad que lo había visto nacer, y que amaba, a pesar de lo mal que lo había pasado en su niñez y juventud.

Por un lado, la lluvia los ayudaba, ocultando sus figuras y escondiendo sus ruidos, confundiéndolos con los del agua golpeando incisamente la piedra, y despistando a las patrullas de soldados que vigilaban incesantemente las calles. Por un módico precio, claro, pues los mercenarios eran así. Eran capaces de cumplir cualquier orden, pero había que pagarles bien. Quizás esa fuera una de las razones de por qué los impuestos eran tan altos&
Más de una vez habían sentido el inexplicable pero poderoso deseo de rebanarles el pescuezo a los soldados. Pero no eran idiotas, aparentasen lo que aparentasen. Sabían que era demasiado peligroso, incluso para ellos.
Y por otro lado, la escasa visibilidad no les permitiría luchar cómodamente, pues, en la confusión del combate podrían matarse el uno al otro sin siquiera darse cuenta. Además, era peligroso alertar a los guardias de su presencia, y por eso el guerrero de los ojos de fuego mantenía su espada envainada.

Se habían perdido varias veces, a pesar de la buena memoria del guerrero de las espadas gemelas. Incluso habían barajado la posibilidad de volver a la posada e intentar el rescate otra noche. Pero habían llegado, luego de cinco largas y húmedas horas de intensa búsqueda. Ahora les quedaban otras cinco horas de oscuridad. Tenían que apresurarse, pero estaban exhaustos. Descansaron hasta que la respiración se les normalizo.

Muy alto era el edificio que observaban entre la lluvia y la oscuridad los guerreros. El edificio era una prisión, la más grande de la ciudad y donde se encontraban los más peligrosos hombres y mujeres de la ciudad, según el gobierno, obviamente. Los guerreros debían penetrar en el edificio y rescatar al futuro gobernante de la ciudad. En caso de que la revolución triunfase, claro.
Los guerreros estaban empapados, y la ropa y los cabellos se les pegaban al cuerpo. Tenían escasas posibilidades de éxito, pero lo intentarían de todos modos, aunque perdieran la vida en el intento. Aunque eso no importaba, pues la vida era lo único que aun no les habían quitado.


b.

Penetraron estrepitosamente en el edificio, destrozando los cristales de una ventana de la planta baja. Inmediatamente, desenvainaron las espadas. Por lo que podían ver, gracias a la espada del guerrero de los ojos de fuego, estaban en una especie de depósito o almacén, a juzgar por la enorme cantidad de cajas de todos los tipos que había apiladas en la habitación. Algunas de las pilas llegaban hasta el techo. La oscuridad y el silencio les oprimían tanto fuerte los temerarios corazones, que era casi insoportable quedarse en el lugar. Tenían ganas de irse, pero no lo harían. No sucumbirían a lo que ellos creían que era un hechizo contra los extraños.
Lentamente, casi arrastrando los pies, comenzaron a avanzar. El sonido de sus botas sobre el suelo de pálida roca era atronador y les ponía los pelos de punta.
Tan opresivos eran esos pasillos, y tanto miedo les infundían las sombras, que parecía que había pasado un siglo hasta que encontraron una puerta. Esperaban que fuera la salida, pues no podrían soportar mucho tiempo más ahí dentro. Cerca de la puerta, y recostados contra la fría pared, había dos guardias profundamente dormidos. Cerca de estos, había una caja vacía y por lo menos una docena de botellas, también vacías. Pronto los guardias llegaron al helado, gris, y lúgubre reino de la muerte.

¿Dónde estarán? – Pensaba el guerrero de las espadas gemelas – En realidad sabia donde estaba ella, su hermana - que tenia unos pocos años menos que el - pero no le había dicho a nadie donde estaba, ni siquiera a su amigo, el guerrero de los ojos de fuego, y todo para protegerla. Pero ¿Y su hermano? Por lo que recordaba – y recordaba bien poco – cuando el había abandonado su hogar, su hermano mayor ya se había ido hace varios años. Últimamente pensaba mucho en él, y la idea de que hubiera muerto o desaparecido lo atormentaba, pues apenas lo conocía. Quizás estaba vivo, pero ¿Y si estaba muerto? Esa idea lo atormentaba, pero no sabía porqué. Había visto morir a muchos hombres y mujeres a lo largo de su vida. ¿Y si estaba muerto? ¿Y si el lo había matado? ¿Y si estaba vivo, pero en el bando contrario? Ni siquiera recordaba su rostro, y sufría en silencio, y trataba de recordar, pero era en vano.

A través de la luz de la espada, ora débil, ora intensa, como si luchase contra algún otro poder, los guerreros avanzaban por la prisión. Pero había algo muy raro, como si un peligro oculto y tenebroso los acechara tras cada esquina, como si una criatura sin nombre los siguiera y se babeara de solo pensar en sus jugosas carnes. Estaban solos, y odiaban esa soledad. No entendían, si era una prisión, ¿Por qué no había nadie? ¿Por qué daba la impresión de estar vacía? Los guerreros deseaban desesperadamente que apareciese alguien, pero no encontraron a nadie, ni siquiera un guardia. Parecía que se estaban metiendo en la boca del lobo, y no les gustaba para nada esa sensación.

La prisión consistía, por lo que llegaban a entender los guerreros, en una interminable serie de pasillos, con muchas puertas a los lados. Que es lo que se ocultaba detrás de esas puertas, era algo que los guerreros esperaban no descubrir jamás. Debía de tener muchos pisos la prisión, porque a pesar de haber subido muchas escaleras, aún no habían llegado a su destino. Según los datos de los revolucionarios, el futuro gobernante de la ciudad se encontraba en la última habitación del último piso del edificio. Pero teñían miedo de lo que podrían llegar a encontrarse.

Estaban parados frente a la puerta. Detrás de ella esperaban encontrar a un hombre, que, cuando la revolución triunfase, gobernaría con justicia la ciudad, y traería paz y prosperidad en una época plagada de guerras, hambrunas y enfermedades. Puños de horror y miedo les oprimían cruelmente los corazones, haciéndolos dudar y temblar como nunca antes en sus vidas.


c.

Lo que encontraron detrás de la puerta fue horrible. Penetraron en la habitación. Esta era pequeña, y tanto las paredes como el suelo estaban salpicadas de sangre. El olor era realmente nauseabundo, como si alguien hubiese guardado un trozo de carne demasiado tiempo. También había dos mesas, ambas repletas de instrumentos de tortura, cubiertos de sangre y óxido. Finalmente, en el fondo, y cerca de un pequeño hueco por el que penetraba un poco de aire, había un hombre - que se encontraba dormido o desmayado - colgado de pies y manos.

Tan sólo mirarlo inspiraba lastima, odio, compasión, y mil emociones más. El hombre estaba completamente desnudo. Le habían afeitado todo el cuerpo, lo habían castrado, le habían arrancado la piel a tiras, le faltaban la mitad de los dientes, una mano y los dedos de los pies. Le habían hecho cortes en los bazos para luego introducirle sal en las heridas y cosérselas, le habían clavado agujas al rojo vivo, y lo habían bañado en aceite hirviendo, y lo habían curado de todas estas heridas para luego volvérselas a hacer, una y otra vez....
Sin embargo, estaba vivo, y era el hombre que los guerreros buscaban, el que seria el futuro gobernante de la ciudad....
Y no se supo hasta un tiempo después, por qué el guerrero de las espadas gemelas dejó caer algunas lágrimas en silencio al verlo....
 

 

Capítulo XII


a.

Una delgada hoja de papel se deslizó por debajo de la puerta de la posada. El guerrero de los ojos de fuego la tomó. La hoja había sido doblada varias veces, y estaba sucia y arrugada, como si hubiese pasado por muchas manos antes de llegar a las de él. Al igual que su compañero, se encontraba terriblemente cansado, pues hace apenas una hora que habían llegado de una misión en la que habían rescatado al futuro gobernante de la ciudad. Lo habían dejado lejos, tanto de ellos como de los magos, pues nunca se sabe que es lo que va a pasar.
El día ya comenzaba, y no parecía que iba a ser uno muy bueno. Al menos había dejado de llover. Pero los guerreros, con las fuerzas disminuidas por el sueño y el frío, ten sólo deseaban encontrar un rincón oscuro donde echarse a dormir.
- ¿Hay alguien en esta habitación que sepa leer? - preguntó el guerrero de los ojos de fuego luego de abrir el papel.
- Si, yo - dijo el mago, mientras tomaba el papel que le ofrecía el guerrero. Mientras lo leía, iba palideciendo gradualmente.
Luego siguió un silencio expectante, que rompió el guerrero de las espadas gemelas al preguntar:
- Y bien, ¿Qué dice? - Estaba terriblemente cansado, hambriento, irritado y tenía la sensación de que algo iba a salir horriblemente mal, pero no sabía que. Por lo menos el futuro gobernante de la ciudad se encontraba a salvo.
- Solamente dice...:
"Ríndanse o mueran"
Todos los presentes tragaron saliva, perfectamente concientes de lo que iba a suceder. Era obvio que si luchaban morirían, pero también era obvio que si rendían morirían. Estaba muy claro que es lo que tenían que hacer.
De repente, una voz poderosa, que irradiaba fuerza y carácter, inquirió:
- Y bien, ¿Qué eligen?
- Elegimos luchar - respondió el guerrero de las espadas gemelas, con un tono débil y cansado, aunque deseaba que este hubiese sido más fuerte.
- Bien, así me gusta - contestó la voz.


b.

En la calle había por lo menos un centenar de guardias; algunos patrullaban las calles cercanas a la posada; otros, la rodeaban desde todo ángulo posible, y unos pocos, arco en mano, estaban apostados en los tejados. Los revolucionarios no tenían ninguna posibilidad.
De pronto, la puerta de la posada tembló. Alguien la estaba golpeando con un ariete. Con un par de golpes más, caería y seria el fin de la revolución y de todos sus integrantes, y todo el sudor y la sangre que se habían derramado sería completamente inútil.
- Déjenme esto a mí - dijo el mago, mientras se arremangaba la larga túnica gris que lo cubría. Se acercó a la puerta, y trazó con el dedo un círculo alrededor de donde había golpeado e ariete. Luego, trazó otro igual en su cuerpo, a la altura del estómago. Mientras pronunciaba unas palabras ininteligibles para el resto, el espacio dentro de los círculos se volvió ligeramente transparente.
Cuando los soldados embistieron nuevamente con el ariete, este pasó a través de los círculos, sin dañar la puerta ni al mago, mientras los soldados, sorprendidos, se golpearon contra la dura y fría pared de roca gris.
Los círculos desaparecieron, y tanto la puerta como el mago recuperaron su solidez.
- Agradezcan que el dios al que sirvo es Léod, el Señor de las Ilusiones - dijo el mago. Y - respondiendo a las preguntas que veía en los ansiosos rostros de los revolucionarios - no, no voy a explicarles como hice para que el ariete atravesase los Círculos Transparentes. Se sentó y escupió un poco de sangre. Alguien le alcanzó un vaso de agua. Lo bebió. Había realizado con éxito un conjuro difícil, pero al menos había ganado un poco de tiempo.
- Gracias, ahora debemos huir y dispersarnos - dijo el guerrero de las espadas gemelas. Pero - y miró a cada uno de los presentes -, lo que en realidad haremos es atacar la fortaleza de los magos, que se encuentra en el centro de la ciudad. Si logramos derrocarlos, la ciudad será nuestra, y habremos vencido.
Iremos en parejas. Si alguno de nosotros cae, su compañero debe continuar, pase lo que pase - volvió a mirar a cada uno de los presentes - Y ahora, en marcha.
Todos echaron a correr, escaleras abajo, hacia la armería. Esta, obviamente, tenía un pasaje secreto, que, aunque los dejaría bastante lejos del centro de la ciudad, era lo único que tenían.
Fueron pasando de uno en uno por el largo camino subterráneo. Tenían mucho cuidado al caminar, pues el suelo estaba cubierto con las trampas que ellos mismos habían puesto tiempo atrás, en caso de que tuvieran que retirarse apresuradamente de su centro de operaciones. El camino era en realidad una sección abandonada del vasto complejo de alcantarillas del que disponía la ciudad, que aún conservaba agua, mierda y ratas por todos lados. Cuando llegaron al final, el mago dijo:
- Esperen, aun tengo un último truco. Ahora, quédense quietos. Comenzó a girar alrededor de los guerreros, mientras entonaba un cántico entre dientes y movía frenéticamente los brazos.
Cuando terminó, por cada uno de los presentes, había dos copias exactamente iguales.
- Lo que hice - dijo el mago, respirando agitadamente - fue crear copias o ilusiones de ustedes mismos. Cuando salgamos, estas copias se dispersarán por la ciudad y despistarán a los soldados, pero si reciben un golpe, desaparecerán. Apoyó una mano contra pared recubierta de musgo, que al parecer soportaba muy bien el frío, y vomitó. Estaba muy cansado. Cuando levantó la cabeza, vio varios rostros preocupados. Entre ellos, el del guerrero de las espadas gemelas y su amigo.
- Estoy bien - dijo, alzando una mano - Tan sólo estoy un poco cansado. Hacer magia requiere un gran esfuerzo físico, y ya no tengo la misma fuerza que hace una década.


c.

Cuando oyó el peculiar sonido de una cuerda de arco tensándose, se detuvo y dio media vuelta, para poder mirar a los arqueros apostados en los techos, dispuestos a matarlo. Dispararon, y las flechas cumplieron demasiado bien su cometido, atravesando el jubón de cuero y la carne del guerrero de las espadas gemelas, que cayó hacia delante, herido de muerte, hundiendo el rostro cansado y preocupado en un charco de agua sucia. Y antes de morir, pensó en todos sus hermanos, en sus padres, y en su amigo, el guerrero de los ojos de fuego. Y murió sin que este pudiese hacer algo para salvarlo. Cuando el guerrero de los ojos de fuego dio media vuelta, los arqueros dispararon sobre él, pero saltó hacia un lado, evitando todas las flechas, excepto una, que se hundió cruelmente en su pierna derecha. Se escabulló como pudo en la penumbra de un callejón, y levantó un pequeño objeto del suelo. Cuando miró hacia atrás, vio vagamente las figuras de varios soldados que lo perseguían. Estaba aturdido por el dolor, tanto de su cuerpo como de su corazón, y no tenía idea de adonde se dirigía. Cuando penetró en otro callejón, una mano lo atrajo hacia esta. Y en la semioscuridad el callejón, lo último que vio el guerrero de los ojos de fuego antes de perder el conocimiento, fue el rostro de una mujer...
 

Capítulo XIII

a.

Abrió lentamente los ojos. Estaba cansado y sentía un gran peso en el corazón. Alguien lo había recostado contra la pared de una habitación alta, polvorienta y carente de muebles. Además, sentía un extraño calor en la pierna derecha. Le habían extraído la flecha y le habían envuelto la herida con la verde hoja de alguna planta que él desconocía. Un trozo de tela firmemente atado a su pierna mantenía la hoja en su lugar.
Luego, el guerrero de los ojos de fuego miró a las personas que había en la habitación. Vio al mago, durmiendo recostado contra una pared. También había dos revolucionarios conversando en voz baja. Uno de ellos llevaba un arco y una aljaba con muy pocas flechas y el otro una maza de hierro y una rodela de madera. Y por último, sus ojos anaranjados vieron a una mujer que, cruzada de brazos, miraba algo muy lejano en el tiempo y el espacio. Tenía los ojos pequeños y verdes como uvas, y era la mujer que le había salvado la vida.
Sintió algo extraño y miró su mano derecha, que apretaba fuertemente el pequeño objeto que había recogido en la calle, luego de la muerte de su amigo, el guerrero de las espadas gemelas. Cerró los ojos para evitar que estos derramasen algunas lágrimas. El pequeño objeto era una hoja del Árbol. Cada vez que alguien moría, caía una hoja del gran Árbol cerca del muerto. Y al llegar a tierra, la hoja se volvía completamente negra. Y este era el color de la hoja que contemplaba el guerrero.
Cuando todos los presentes estuvieron despiertos y atentos, la mujer dijo:
- Estamos demasiado cerca de lograr nuestro objetivo como para renunciar. La fortaleza de los magos se encuentra a pocos minutos de aquí. Debemos entrar y convencerlos de que abdiquen. Si se niegan y están dispuestos a luchar, lucharemos. Pero si se rinden pacíficamente – y miró atentamente a todos los presentes -, los dejaremos irse en paz, si prometen nunca más regresar. ¿Alguna objeción?
Tenía una voz que al guerrero de los ojos de fuego le pareció suave y tranquila como las aguas de un lago, pero había en esta algo de la fuerza y el poder de una cascada.
Como nadie objetó nada, partieron a seguir con su misión, sin importarles los riesgos y las dificultades que se les aparecerían. Cumplirían su misión, o morirían en el intento. Al menos contaban con la esperanza de tomar a sus enemigos desprevenidos, puesto que lo último que podrían llegar a temer los magos, según creían los revolucionarios, era un ataque directo.


b.

- Aun puedo hacer un pequeño truco - dijo el mago, trazando un gran circulo en una de las paredes de la fortaleza de los magos, para permitir que los revolucionarios entrasen en esta.
Una vez que estuvieron todos dentro, le agradecieron y miraron el entorno. Delante de ellos se encontraban tres puertas. El mago y la mujer fueron por la de la derecha, los dos revolucionarios por la del centro, y el guerrero de los ojos por la de la izquierda.
Al fin solo - pensó el guerrero de los ojos de fuego -, y recordó a su amigo, el guerrero de las espadas gemelas, muerto, entristeciéndose muchísimo. Alejó rápidamente esos pensamientos, que ningún bien le hacían, y se concentró en su misión actual, guardando las lágrimas para más tarde.
Cruzó la puerta, llegando a una habitación sin muebles y con una sola puerta al fondo. Cruzó esta nueva puerta y llegó a otra habitación igual a las dos anteriores, excepto porque en esta había dos guardias.
Se abalanzó sobre el más cercano, hundiendo su afiladísimo acero entre las anillas de la cota de malla del soldado, que murió casi sin sentir dolor. Pero el segundo, levantando por encima de su cabeza su mandoble, descargó un fortísimo golpe que el guerrero de los ojos de fuego no llegó a esquivar. La fría hoja se hundió en su hombro derecho, atravesando armadura, carne, músculo y gran parte del hueso. El guerrero de los ojos de fuego se agachó para librarse de la espada, hundió su arma en la pierna de su oponente, para luego quitarla, girarse velozmente hacia un lado, levantarse y hundirla en la garganta de su rival, todo eso a una gran velocidad.
Abrió la puerta de la habitación y llegó a una especie de pasillo o corredor largo pero un poco angosto, y con una escalera en el centro. Se apoyó en la pared y miró su herida. Parecía que nunca dejaría de sangrar. Ya no podía mover el brazo y comenzaba a sentirse mareado por la pérdida de sangre. Además de que sentía un dolor indescriptible, y pronto moriría, si es que no lograba detener la hemorragia.
Cuando estaba por desmayarse llegaron los demás. Al verlo, la mujer se acercó velozmente hasta él, y extrajo de un pequeño bolso algunas vendas y gasas, con los que logró detener la hemorragia, al menos por el momento.


c.

Fue terriblemente difícil, pero lograron llegar al quinto y último piso de la fortaleza. Tres de los cuatro magos estaban muertos, y el último se encontraba detrás de esa puerta. Los cinco estaban extenuados, especialmente el mago y el guerrero de los ojos de fuego. Ambos se encontraban al límite de sus fuerzas. Los demás también estaban bastante mal. El arquero ya no tenía flechas pero si una daga, su compañero se había quebrado el brazo del escudo y la mujer, armada con una espada larga y pesada, tenía varios cortes en los brazos y en la mejilla derecha. De esta herida aún manaba sangre, y la oscuridad de esta contrastaba fuertemente con la anormal palidez de su rostro y la claridad de sus ojos. Y el por qué de su rostro pálido y sus ojos llorosos, el guerrero de los ojos de fuego no lo supo hasta un tiempo después.
Cuando la empujaron, la puerta se abrió lenta y dócilmente, chirriando. El despacho del mago, que se encontraba en una de las cuatro torres de la fortaleza, se encontraba perfectamente ordenado. Era bastante grande y tenía estantes, libros, mesas, sillas, botellas, alfombras, tapices, lámparas y demás elementos típicos de un hombre acomodado y erudito. Delante del escritorio estaba el mago, muerto de una puñalada en el corazón, aparentemente causada por él mismo. Su sangre manchaba una bellísima alfombra. En la mano derecha sostenía una daga y en la izquierda una carta. El mago tomó la carta y leyó:
- Espero que lo hagan mejor que yo.
- La verdad, este día fue una mierda - dijo el guerrero de los ojos de fuego, bostezando. Se recostó contra una pared y se durmió profundamente.

 

Capítulo XIV


a.

Un mes habían tardado en sanar las heridas. Ahora, al recordar esos días, se estremecía. Las sábanas blancas, la habitación gris y casi desnuda, la amarillenta y enfermiza luz de una lámpara, y la comida ¡Qué comida tan asquerosa, por los mil dioses! ¡Cómo se les ocurría darle pescado, y además, hervido! Además de la inmovilidad. Con una pierna y un brazo heridos, no podía levantarse de la cama. Eso había generado varias situaciones muy vergonzosas para él que, sonrojándose y bajando la cabeza, prefería olvidar. Le habían dicho que había estado a punto de morir, y que tuviese cuidado. ¿Cuidado? Después de todo lo que había pasado, el frío, las heridas, la muerte, el hambre, la necesidad. Se sentía como muerto. Tan sólo el deseo de matar y vengarse, de aplacar la sed que le causaban su dolor y sus recuerdos lo mantenían con vida. O al menos eso era lo que él quería creer.

Ahora, al caminar por las calles de la ciudad, sus músculos se resintieron por la falta de actividad. Se encontró con el mago, que le dijo que lo veía mejor y que luego se pasase por su estudio. Apenas le prestó atención. A decir verdad, no le caía bien el mago. No porque este tuviese un poder que el nunca alcanzaría ni llegaría a entender. Estaba celoso, aunque detestase admitirlo. Y todo porque el mago pasaba demasiado tiempo junto a cierta persona.

La ciudad parecía más tranquila y ordenada. Se veían muchos menos soldados, puesto que los mercenarios habían sido despedidos y, lo que era aún más extraño, era la paz que se respiraba en esa cruel región del mundo. Las arcas comenzaban a llenarse, el comercio se reactivaba y aparecían mas ofertas de trabajo. Todos veían al futuro con optimismo.

Excepto él, triste, desdichado y lo que más le dolía, solo. Pensaba en su amigo, el guerrero de las espadas gemelas, y cómo con la muerte de este había muerto una parte de él. Nunca había podido utilizar el magnifico arco que le había regalado el elfo, y ahora el tenía que cumplir su venganza y la de su amigo muerto. Porque su amigo había muerto por culpa de los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego. Si estos no hubiesen venido a luchar contra los revolucionarios años atrás, su amigo estaría vivo, disfrutando de la victoria. Pero entonces nunca se hubieran conocido, y él ya estaría muerto. Todo era tan complicado que dejó de pensar en ello y se encaminó hacia las afueras de la ciudad, a visitar la tumba del guerrero de las espadas gemelas. En el camino se encontró al hermano mayor de este, y actual gobernante de la ciudad. Se encontraba mucho mejor, aunque caminaba con la cabeza gacha, apoyándose en un sencillo bastón de madera.


b.

La lápida era una simple roca que tenía unas cuantas palabras talladas. Detrás de esta, había un pino marino, un árbol igual en todo a los pinos ordinarios, excepto en que tenía las hojas plateadas y la madera azul. Era un árbol muy raro y apreciado, y sólo alguien muy importante podía ser enterrado cerca de él.
El guerrero de los ojos de fuego estaba sentado cerca de la tumba, contemplando con ojos casi apagados la piedra, inmune a la nieve que caía y que, como un blanco manto, cubría la colina. Cerca de él, y también sentada, estaba la mujer de los ojos verdes y pequeños como uvas, mirando fijamente la lápida. Lágrimas de puro dolor herían sin piedad su rostro. Cuando el guerrero la miró, además de encontrarla increíblemente bella, se dio cuenta de que era la hermana menor del guerrero de las espadas gemelas. Ella lo miró, pero él, sonrojándose, esquivó sus ojos.
- Tu hermano fue un gran hombre - dijo el guerrero de los ojos de fuego al cabo de un rato, quebrando el helado silencio amenizado por un tenue viento.
- Lo sé - respondió ella - Tengo algo para ti, acompáñame - añadió, levantándose y sacudiéndose suavemente la nieve.
El guerrero de los ojos de fuego se levantó, sacudiéndose bruscamente la nieve. Tocó la fría piedra y dijo:
- Adiós, Adven - pronunciando por primera vez el nombre de su único y verdadero amigo. Luego se apresuro a seguir a la mujer, que volvía a la ciudad.


c.

No esperaba que los regalos de la mujer y el mago fuesen tan buenos. Se sintió avergonzado y casi no los aceptó. Pero ahora, al ponérselos, se dio cuenta de la falta que le hacían. Los regalos consistían en ropa nueva, cómoda, ligera y de colores claros, una larga y reluciente cota de malla, una vaina nueva para su espada, que tenía grabadas las palabras "venganza" y "justicia", según le había explicado el mago, y una capa del color de las arenas del desierto. Además de comida, agua, yesca y pedernal, leña y muchas otras cosas necesarias para poder soportar el calor y el frío. Ahora debía completar su misión, eliminar a los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego. Y debía hacerlo solo.
La mujer entró a la habitación donde estaba el guerrero de los ojos de fuego y dijo:
- ¿Estás listo?
- Lo estoy - respondió él.
Se despidieron con un beso en la mejilla, y cuando él sintió los labios de ella tocar la piel de su afeitada mejilla, sintió nacer un nuevo fuego en su interior, que iluminó sus ojos. Salió de la habitación, cerrando la puerta. Ella, al ver que el se iba, se mordió los labios y no dijo nada.
Todo estaba preparado. El mago había obtenido un pergamino con el cual teletransportaría al guerrero hasta Los Ojos, ahorrándole muchos días de viaje.
- No olvides nada de lo que te dije - dijo el mago
- Lo sé, lo sé - respondió el guerrero de los ojos de fuego.


 

Capítulo XV

a.

Sus ojos nunca habían contemplado colores tan hermosos. Las palabras no le alcanzaban para describir las sensaciones que le causaban el estar en una región completamente desconocida del mundo para él. El verde del césped, tan hermoso que podía sentir cada hebra, el oro de los campos, la claridad del agua y el rojo apagado de las montañas, le daban la impresión de que antes había visto todo gris, y que ahora realmente podía entender lo que era el color y la vida.
Caminaba hacia la ciudad que se encontraba entre Los Ojos. Lejos, aunque no demasiado, estaba la Espada Roja. La ciudad era igual a las que ya conocía, gris y marrón. Los mendigos y las prostitutas buscaban fortuna en cada esquina, y los hombres las dilapidaban en juegos de azar y alcohol. Basura y cadáveres descomponiéndose se amontonaban por doquier; perros y niños flacos y desnudos correteaban de aquí para allá; robos, secuestros, asesinatos y violaciones se sucedían sin que los guardias hiciesen algo para evitarlos; incluso en ocasiones ellos mismos los perpetraban y dirigían.
El guerrero de los ojos de fuego vio estas cosas mientras oía la conversación de dos hombres en un establo. Uno de los hombres quería comprar el caballo del otro. Parecía que no se ponían de acuerdo con el precio. El guerrero escuchó atentamente la conversación, pues no quería que lo engañasen con el precio. Sin embargo, le costó entender la conversación. Aunque los hombres hablaban su mismo idioma, pronunciaban las palabras de una forma diferente y utilizaban otras que él desconocía. De pronto, tomó conciencia de lo primitivo de su lenguaje, pero no le importó.
Cuando el hombre salió solo, el guerrero de los ojos de fuego fue a hablar con el dueño del caballo, y le ofreció un precio tan conveniente por el animal, que este se lo vendió, e incluso le dio una buena cantidad de forraje.
Y así salió de la ciudad, montado en su caballo blanco con pequeñas motas negras en todo el cuerpo. El animal era bajo pero rápido, y parecía soportar bastante bien su carga.

No pudo evitar ver, mientras se dirigía hacia el río que nacía en La Espada Roja, a un hombre sentado cerca de una roca en lo alto de una colina. Aunque estaba lejos, por la postura, los movimientos y los gritos desgarradores, el hombre debía de haber perdido a alguien muy valioso. Y aunque el guerrero de los ojos de fuego nunca lo supo, el hombre que lloraba luego sería conocido como el último paladín de Vaelor, y el mundo lo recordaría como uno de los más grandes héroes de todo Galath, a pesar de todo lo que hizo.


b.

A pie, para permitir que su caballo descansase, el guerrero de los ojos de fuego avanzaba, siguiendo el curso del larguísimo río que iba desde La Espada Roja hasta casi llegar al mar. El verde césped había desaparecido hace días, reemplazado por las amarillentas arenas del desierto. Ya casi no quedaba nada verde, excepto unas plantas raquíticas cerca del río, cuya corriente se iba debilitando progresivamente. En ocasiones no era más que un charco de agua sucia. No podía apartarse del río, puesto que este era la única fuente de agua que conocía. Pero el verdadero problema era la comida. Le quedaba muy poca, tanto para él como para su montura. Hace tres o cuatro días habían pasado por una ciudad, pero no había comprado nada, creyendo que aún le quedaba bastante. Y ahora el estómago le gruñía como una bestia enojada.
Sin embargo, había encontrado algo peor que el hambre: el calor. Para él, acostumbrado al frío, el desierto le era casi insoportable. Gruesas gotas de sudor le caían del rostro. Al menos tenía el consuelo de la noche. Esta era helada y le tría recuerdos de su tierra, y entonces pensaba en aquellas personas que había conocido, tanto en las vivas como en las muertas. Y aunque no se daba cuenta, sus pensamientos iban siempre hacia la misma persona. Entonces, supo la respuesta a la pregunta que se había hecho hacia bastante tiempo, mientras recorría unos oscuros y terribles corredores, y para la que no había sabido que contestar. Ahora sabía que la respuesta era si.
Una llama blanca renació en su interior. Este fuego no le quemaba, sino que lo iluminaba. Y tan grande era la fuerza de esta llama, que amenazaba con destruir sus cimientos, y sentía el deseo de olvidarse de su misión, del odio y de la venganza, y de correr hacia los brazos de esa persona y recobrar la felicidad de antaño. Cada vez que pensaba en esto, en sus ojos brillaba una llama clara. Sin embargo, no abandonaría su misión, puesto no estaba seguro de lo que sentía ella por él. Pero cuando terminase la misión, iría hasta ella, se arrodillaría, y le diría que la amaba.


c.

Esa noche, una vez consumidas las últimas migajas de alimentos, se quedó observando el desierto. A lo lejos, había un punto negro e inmóvil. Debía de ser una roca bastante grande, posiblemente la entrada a una cueva. Luego vio otros puntos negros, que se volvían gradualmente más grandes. Eran tres hombres que iban a pie, y que al parecer se dirigían hacia él. Desenvainó su espada, y el brillo de esta lo reconfortó. Avanzó rápidamente hacia los hombres. De repente, se paró en seco. Por el símbolo que llevaban cosido en las túnicas, se dio cuenta de que eran Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego. Le arrojó la daga élfica al más lejano, luego decapitó al más cercano, se agachó para esquivar el ataque del segundo, recogió un puñado de arena y se lo arrojó a los ojos y, acercándose, lo apuñaló varias veces. Aún seguía disfrutando de la emoción del combate. Luego, volvió a buscar a su caballo y a sus escasas pertenencias, y fue hasta el campamento de los Asesinos, que estaba dentro de la cueva. Allí encontró amparo del frío, un lecho cómodo, provisiones para dos semanas y montones de oro, joyas y otros elementos valiosos. Por supuesto que ni siquiera tocó las riquezas, no fuese a caer una maldición sobre él.
Le pareció curioso el hecho de que exactamente cuando se quedó sin alimentos aparecieron los Asesinos. Parecía hecho a propósito, como para que continuara su viaje. Quizás lo estaban vigilando. O quizás estaban ahí para saquear la cueva. La primera idea le pareció ridícula. ¿O no? Después de todo, aunque estaba solo, a excepción de su corcel, en el medio del desierto, alguien podría estar siguiéndolo, ocultándose con magia. A partir de esa noche, durmió con el puño apretando fuertemente la empuñadura de su daga.

Sin embargo, nada pasó. Llegó hasta una cascada, el final del río. Ahora debía ir hacia el sur, bajar el acantilado en que se encontraba, buscar una ciudad, pagarse un lugar en un barco que fuese hasta Levor y por último, matar a todos los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego, especialmente a su líder. La misión le pareció asombrosamente fácil, excepto el último punto, pero confiaba y rezaba en que se le ocurriría algo. Comenzó a caminar hacia el sur, donde el acantilado comenzaba a descender gradualmente hasta desaparecer, y contempló el mar.


 

Capítulo XVI


Que bello que era el mar. En la calma y en la tormenta esa inmensa vastedad azul, meciendo con la suavidad de una madre el barco en el que viajaba el guerrero de los ojos de fuego, que ardía en deseos de terminar su misión de una vez y regresar a su fría pero hermosa patria, era algo hermoso.
El viaje transcurría en paz, lo cual era algo muy raro. Ya habían pasado casi dos meses, y tan sólo habían ocurrido dos hechos notables.
El primero fue el haber visto desde muy cerca al Gran Árbol. Ver el Árbol era algo tan hermoso que la imagen de éste permanecía grabada para siempre en el corazón de aquellos que lo contemplaban. El Árbol le daba Luz, Calor y Vida al mundo durante casi doce horas, para luego apagarse y volver a encenderse doce horas más tarde. El Gran Árbol irradiaba calor durante el día, y este calor llegaba hasta los más alejados rincones de Galath, el mundo. Cuanto más cercano al Árbol estaba el lugar, mayor era el calor que recibía. Por eso las regiones más alejadas del mundo, como el hogar del guerrero de los ojos de fuego, eran tan frías. Además, el Árbol, nacido de la Semilla, era el sostén del mundo. Sus ramas soportaban el peso del cielo y sus raíces mantenían firmes las entrañas de la tierra. En cada hoja del Gran Árbol había una vida. Si alguien moría, la hoja moría y caía también. Nada ni nadie, ni siquiera un Dios, podía dañar al Árbol. Los propios dioses habían nacido de los Frutos del Árbol, y le debían la vida a éste. Esto había ocurrido aún antes del nacimiento de la primera raza: Los Hombres. Tan sólo la última raza, los Elfos, conservaba ese conocimiento, que le habían dado los dioses para que lo cuidasen y lo compartiesen. Pero todo esto había pasado hace muchos miles de años, y los Elfos de la Luz, últimos guardianes de este conocimiento, habían perecido en la guerra que llevó a los Orcos a su extinción. Pero el por qué de esa guerra, no se supo hasta un tiempo después.
El segundo hecho notable fue la llegada de un Iar, un pájaro sagrado, ya que vivían en las ramas del Gran Árbol, más alto que cualquier otra ave. Estas aves a veces bajaban y se quedaban en los barcos. Eran dóciles y bellas. Tenían el color del mar en las alas, el de la espuma en el pecho, el de las perlas en los ojos y el de la sangre en el pico y las patas. Eran enormes, pero tranquilos y confiados. Comían de la palma de la mano, se dejaban acariciar y cantaban con un sonido bellísimo melodías asombrosas, pero si se los hacía enojar o se los maltrataba, cosa que nadie hacía, podían arrancarle con facilidad un brazo a un hombre.

Así fue como pasaron dos meses, y una vez que el puerto de Levor estuvo cerca, el guerrero de los ojos de fuego recogió sus pertenencias, y esperó a poder bajar y terminar con su misión, aunque seguía sin saber cómo. En los dos meses que había durado el viaje, no se le había ocurrido nada. Sin embargo, poco le importaba. Había llegado demasiado lejos y no tenía dinero para volver. Hasta había vendido a su caballo para poder viajar. No se rendiría ni ahora ni nunca.
 

Capítulo XVII

a.

Bajó del barco. Una patrulla de soldados, armados con espadas, pistolas y ballestas, se le acercó.
- Venimos a arrestarle - dijo el capitán de la patrulla
- Está bien, ¿Pero por qué? - respondió el guerrero de los ojos de fuego. Al menos ya no era tan estúpido como para pensar en matar a los soldados y huir. ¿Huir? ¿Adonde? Estaba en una ciudad completamente desconocida y no tenía a nadie para que lo ayudase. Además, no tenía dinero así que no había forma de regresar.
- Para prevenir futuros incidentes - contestó el capitán, que era un hombre alto y de piel morena. A cada lado del cinturón de tela roja llevaba una pistola, y un mandoble en la espada.
¡Mierda! Los Asesinos ya lo habían descubierto. No sabía cómo, y no le importaba. La verdadera pregunta era: ¿Lo habían apresado por miedo, prevención o algo más? En su interior brotó el orgullo.

Levor era una ciudad tan grande que no podía entender cómo subsistía. Aunque, por lo que vio, no parecía ser muy diferente de las otras ciudades que conocía. Los guardias lo hacían caminar y caminar, ya estaba completamente perdido. Al menos podía enterarse de cómo estaba constituida la ciudad. Al parecer, se dividía en barrios amurallados y custodiados por guardias. Había barrios para ricos, para comerciantes, para extranjeros, para pobres, etc. También había enormes plazas abarrotadas de mercaderes y mercancías de todo Galath. Cuando pasaron por los barrios pobres, se llenó de horror, porque vio una miseria aún más grande que la que él había conocido. Su corazón se llenó de odio, rabia y tristeza al ver niños y ancianos que no tenían fuerza ni siquiera para levantar el brazo y pedir una moneda; vio como mujeres demasiado jóvenes ofrecían sus cuerpos por un par de monedas con las que alimentar a sus padres y hermanos; vio enfermedades terribles, que lo llenaron de lástima y dolor, vio gente deforme, jorobada, con menos e incluso con más extremidades de lo normal; vio rostros caídos y demacrados; vio gente llena de úlceras, arrastrándose y pidiendo caridad; vio como varios guardias mataban a un hombre y violaban a su mujer por no pagar una deuda; vio a gente matar a amigos y familiares por una hogaza de pan mohoso; vio esclavitud y trabajos inhumanos; vio orgías de alcohol y sangre; vio madres ahogando a sus hijos recién nacidos porque no podían alimentarlos; vio a otros devorándose entre ellos; y vio muchas cosas más.
Tuvo que cerrar los ojos para que sus lágrimas no cayesen. En ese momento, se arrepintió de todas las muertes injustas que él había cometido.
Los barrios de los ricos lo asquearon hasta el punto de darle nauseas. El perfume, los jardines, los palacios amurallados y protegidos por ejércitos privados lo enfermaron. Las joyas y la riqueza, ese mundo de pétalos de rosa y enormes banquetes le dieron arcadas.


b.

La patrulla, que tenía unos cincuenta hombres, se acercaba a un palacio aún más grande que cualquier otro en la ciudad; el palacio del rey. El guerrero de los ojos de fuego se sentía débil. No había comido ni bebido nada desde que había bajado del barco, y los soldados lo habían golpeado hasta casi matarlo, a pesar de que él no había hecho nada. Cuando los guardias del palacio lo vieron, el capitán de la patrulla dijo:
- Se resistió, y me vi obligado a utilizar la fuerza.

Lo metieron en una celda sucia y maloliente, y allí pasó dos larguísimas semanas, medio muerto de hambre, de dolor, de calor, durante el día, y de frío, durante la noche. Además, un cuervo, que tenía las plumas del pecho anaranjadas, y era el símbolo de los asesinos, graznaba día y noche, posado en la ventana de la celda, impidiendo que el guerrero durmiese o pensase. Que cruel ironía del destino&
Luego de esas crueles semanas, un guardia lo sacó de la celda.
- ¡Vamos, pedazo de mierda! El rey requiere de tu inmediata presencia junto a él.
El guardia lo llevó hasta la presencia del rey, pero la escena fue un poco diferente a la que esperaban. El rey yacía muerto de una puñalada cerca de su trono, y en este estaba sentado su hijo, que jugueteaba con una daga ensangrentada.
Como a modo de disculpa, el príncipe, y ahora rey de Levor, dijo:
- Mi padre era débil y merecía morir. Además, estaba aliado con los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego, a quienes desprecio profundamente por las pérfidas acciones que me han causado a mí y a mi amada ciudad. Se que estás hambriento y cansado - y miró al guerrero de los ojos de fuego -, pero quiero proponerte algo. Como estoy al tanto de lo que quieres hacer, te daré quinientos de mis mejores hombres y a un gran capitán y amigo mío para que acabes con los Asesinos. Obviamente, yo no sabré nada de esto, pues no puedo quedar mal en este momento tan delicado.
Y ahora ve y come y charla y descansa con mi capitán, el cual pronto llegará. Mañana será un gran día - y se frotó las manos, entusiasmado.

El capitán era un hombre alto y con los cabellos encanecidos. Vestía enteramente de blanco, y sus ropas ocultaban su cuerpo y sus armas, excepto los ojos apagados y el cabello grisáceo.
- En este hombre hay algo muy raro, pero no sé qué - pensó el guerrero de los ojos de fuego, refiriéndose al capitán, pero no dijo nada.


 

Capítulo XVIII


a.

- ¿Cuántos hombres son? - preguntó la líder de los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego.
- Cinco veces cien, señora - respondió el mensajero
- ¿Quién los dirige?
- No lo sabemos, señora.
- ¿Llevan algún estandarte, blasón o algo por el estilo?
- No señora, ninguno. Están todos vestidos de blanco, como si fuesen fantasmas. Apenas se les ven los ojos.
- ¿A qué distancia están de aquí? ¿Están agrupados o dispersos? ¿Qué armas llevan?
- Se encuentran a tres kilómetros de aquí, señora. Vienen formando una larga columna, y tienen las armas ocultas.
- ¿De cuantos efectivos dispongo?
- Dos veces mil, señora
- Bien, quiero cuatrocientos en cada una de las caras de este lugar, y los cuatrocientos restantes en el interior. Que estos últimos armen barricadas en los pasillos, y dispongan trampas y arqueros en cada esquina.
- Muy bien, señora. ¿Algo más?
- No. Y ahora vete, debo prepararme.

Cuatro caras tenía la fortaleza, y una puerta en cada uno de los cuatro lados de la muralla que la rodeaba. Nadie sabía como era por dentro, aunque se suponía que era laberíntica.
Cuando estuvieron a un kilómetro de distancia se detuvieron. El guerrero de los ojos de fuego, que marchaba al frente de la columna, golpeó la puerta de una casa. La puerta se abrió y del interior de la casa salieron varios soldados con un ariete. Toda la columna desenvainó y se ordenó de acuerdo al plan. Los soldados con el ariete, protegidos por los que llevaban escudos destruirían la puerta Oeste, permitiendo la entrada de los demás, que debían de cruzar el patio interior y penetrar en la fortaleza. Lo que sucedería después, sólo los dioses lo sabían.


b.

El ariete golpeaba enardecido la puerta, que cedía. Las flechas golpeaban contra los escudos. Todo parecía ir bien. Demasiado bien. La puerta cedió. Los Asesinos, ataviados de negro y naranja, se agruparon, espada en mano, en el patio interior. Sus oponentes, vestidos de blanco, tiraron el ariete y los escudos, desenvainaron sus espadas y cargaron. El grueso de la columna, que venía detrás de ellos, los imitó.
El primer choque fue terrible. Las espadas se entrechocaban, apuñalaban, herían, desgarraban, cortaban y mataban. Los hombres, ansiosos por el primer derramamiento de sangre, reían, gritaban, gemían, mataban, pisaban y tropezaban entre sí.
Ambos grupos retrocedieron, para evaluar las pérdidas y prepararse para otro choque. Ya había por lo menos un centenar de muertos y las hojas negras comenzaban a caer, y pronto habría muchos más. Los Asesinos, debido a su superioridad numérica, se formaron en ocho grupos compactos, protegiendo la entrada a la fortaleza. En cada grupo había unos doscientos hombres.
Sus oponentes, a los cuales habían apodado "los fantasmas", por la palidez de sus ropas, se formaron en tres grupos, de forma similar a los Asesinos, aunque, debido a su inferioridad numérica, sus líneas eran más débiles. En cada grupo había unos ciento sesenta hombres.
El guerrero de los ojos de fuego, que se encontraba al frente del primer grupo, cargó. Detrás de él venía un mar blanco, y enfrente, un océano negro y naranja, de muerte y fuego, que venía hacia ellos.
El segundo choque fue aún peor, al menos para los Asesinos, puesto que vieron, mientras avanzaban, como sus oponentes se detenían bruscamente, tiraban sus armas y sacaban de entre sus ropas manchadas de sangre, cuchillos, ballestas y pistolas, lanzándolos y disparándolas contra ellos, destrozando su primer grupo. Sin embargo, los grupos séptimo y octavo de los Asesinos se desplegaron, intentando cercar a los Fantasmas, con apoyo de los grupos segundo, tercero y cuarto, mientras los grupos quinto y sexto quedaban como reserva.
Los Fantasmas, al ver esta maniobra, convirtieron a su tercer grupo en una columna que, junto con el centro del primero y el segundo, penetraron como una cuña en las líneas enemigas, mientras el resto del primer grupo frenaba al segundo de los Asesinos, y el segundo se abría para chocar contra el séptimo y el octavo de los Asesinos para así evitar el cerco.
La columna de los Fantasmas penetró con facilidad debido a la presencia del guerrero de los ojos de fuego, sembrando la muerte, el caos y la confusión, puesto que su objetivo era matar a los oficiales para así desarticular las líneas enemigas.
Sin embargo, el segundo grupo de los Fantasmas se cerraba, debido a la presión de los Asesinos, y ahora se encontraba de espaldas al primer grupo, que se mantenía firme. Ahora, ambos grupos, guiados por el Capitán, se daban la espalda. Al menos no los habían aislado.
El tercer grupo de los Fantasmas se abrió, destrozando y mezclándose con el tercer grupo de los Asesinos, para luego dar media vuelta y cargar contra la segunda, aliviando el peso de su primera línea y reuniéndose con esta. Entonces, su primer grupo, ahora protegido por el segundo y tercer grupo, volvió a sacar sus ballestas y pistolas, dio media vuelta y disparó contra el séptimo grupo de los Asesinos, que ahora volvía a cargar contra su segundo grupo, y entonces estos cargaron contra lo que quedaba de los grupos séptimo y octavo.
Luego, el tercer grupo de los Fantasmas, guiado por el guerrero de los ojos de fuego, y apoyado contra el primer grupo que nuevamente llevaba sus espadas, cargó contra los grupos cuarto, quinto y sexto de los Asesinos que, en su mayoría, aún no habían entrado en combate. Pero estos, al ver como cargaba contra ellos un puñado de guerreros completamente cubiertos de sangre, con armas que clamaban por su sangre, y liderados por un hombre que era peor que la muerte, al que ninguna espada detenía, que mataba dos oponentes de un golpe, y que tenían fuego en los ojos, sólo podían esperar por su muerte...


c.

- Hemos perdido el exterior, señora - dijo un tímido mensajero.
- Bah, que importa. No tienen idea de lo que les espera en el interior - dijo la líder de los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego, quitándole importancia al asunto.

- Hemos perdido a más de la mitad de los hombres - dijo el Capitán que, desfalleciente, se apoyaba en su espada como si esta fuese un bastón. Y perderemos aún más. Lamentablemente, algunos heridos no se recuperarán.
- Han caído demasiados, pero esto aún no ha terminado - dijo el guerrero de los ojos de fuego, triste y cansado. Debemos tomar el interior.
- Sí. Toma a cincuenta hombres, los menos heridos y fatigados y explora el interior. En cuanto pueda enviaré más. Pero todo eso puede esperar, pues ha llegado la hora del almuerzo. Comeremos y descansaremos un poco y luego entrarás.
- Esta bien, como quieras.

 

Capítulo XIX


a.

El corazón le latía apresuradamente. Tanto, que pensó que se le iba a salir. La emoción de la reciente batalla aún ardía en él. La batalla le había parecido horrible, por más acostumbrado que estuviera a la muerte. Pero tanta muerte, tantas vidas desperdiciadas inútilmente, tanta sangre derramada y tantas familias destruidas, eran demasiado para él. El hecho de que las vidas de tantos hombres dependiesen de sus decisiones lo habían agobiado hasta las lágrimas.
Sus heridas eran superficiales. No sabía por qué, pero muchos de sus oponentes habían huido al verle. Se miró a si mismo. Tenía las ropas, las manos y la espada llenas de sangre, mas de sus oponentes que de él, por suerte. Además, sus ropas estaban desgarradas en varias partes, tanto por la batalla como por el hecho de que las había usado para vendarse el brazo derecho y la cabeza.
Podía sentir como cada vez estaba más cerca de cumplir su misión. Envainó su espada, y de un pliegue de su túnica sacó su daga y algunos cuchillos arrojadizos, pues ya sabía que los Asesinos lo esperaban detrás de cada esquina. Después de todo, se encontraba en el quinto piso de la fortaleza, y hace tiempo que se había separado de su grupo. Se preguntó como estarían sus compañeros.
Arrojó los cuchillos ni bien dobló la esquina, que se hundieron en los pechos de dos Asesinos. Luego, saltó por encima de la barricada, desenvainó la espada y degolló al restante, salpicando la pared, el suelo y a él mismo con la sangre del Asesino. La fortaleza no le parecía fea, por el contrario, era muy hermosa, pero estaba harto de los pasillos, las escaleras y el peligro acechando en cada esquina.
El guerrero de los ojos de fuego continuó avanzando por el pasillo, hasta que se detuvo. Se limpió con la manga el rostro ensangrentado, y empujó la enorme puerta que tenía adelante. Todo su cuerpo le decía que detrás de esa puerta estaba su oponente.


b.

- Así que, contra toda esperanza, has llegado - dijo la líder de los Asesinos de la Orden del Cuervo de Fuego. Estaba bellísima, y parecía completamente segura de si misma.
- Veo que estás cansado - continuó diciendo - Siéntate, come y bebe algo, luego habrá tiempo para otras cosas - con un gesto, le ofreció estas cosas.
El guerrero de los ojos de fuego ni siquiera contestó. Su espada manchó con sangre una finísima alfombra.
- Como quieras. Vayamos al grano - desenvainó su estoque.
El lugar era el despacho de la líder. Estaba lujosamente decorado, quizás demasiado. Tanto oro, plata, marfil, marfil, mármol, joyas, sedas y demás le daban un aspecto un poco "cargado" al amplio despacho.
El guerrero de los ojos de fuego atacó, pero ella, saltando hacia un lado, lo esquivó. Y así varias veces. El despacho ya tenía las sillas y la mesa rotas por los poderosos golpes del guerrero de los ojos de fuego. Luego se intercambiaron los papeles, y ella comenzó a atacarle. Él apenas tenía tiempo para levantar la espada, tan rápidos eran los movimientos de ella. Además, por más que había intentado usar su mágico acero para quebrar el frágil estoque de ella, este se resistía. Al parecer, su magia era más poderosa que la de él.
El guerrero de los ojos de fuego de fuego estaba cansado. Gruesas gotas de sudor le caían por el rostro. Además, le dolía la herida en la cabeza, y los cortes que ella le había hecho en los brazos y el rostro. Sin embargo, no perdería, así que realizó un movimiento desesperado. Dejó caer su mágico acero, y ella, confiada, atacó. Pero ese fue su error, porque él detuvo el golpe agarrando firmemente el estoque con su mano izquierda, a pesar de que este le estaba haciendo un profundo corte en la mano. Luego, con la mano derecha le propinó un puñetazo que le rompió la nariz y la tiró al suelo. El guerrero de los ojos de fuego arrojó lejos el estoque y, tomando su espada, se acercó hasta la líder de los Asesinos y, agachándose, puso una rodilla en el estómago de ella y la punta de su espada en su garganta. Un fino hilo de sangre comenzó a brotar de esta.
El guerrero de los ojos de fuego salió de la fortaleza de los Asesinos, y vio que el Capitán, que se apoyaba en la espada como si esta fuese un bastón, tenía la cara descubierta. Entonces, se dio cuenta, y preguntó:
- ¿Atta?
A lo que el Capitán respondió:
- ¿Asof?
Así se reencontraron, luego de tantos años, padre e hijo, pues al parecer el padre del guerrero de los ojos de fuego había sobrevivido a la guerra, aunque no había podido volver a su hogar.


c.

Ahora, sentado cerca del calor del hogar, supo que lo tenía todo. Había encontrado a su padre, y se había casado con la mujer de los ojos verdes, que esperaba un hijo de él. Los tres vivían cómodamente en una cabaña en las frías pero bellas tierras que el guerrero de los ojos de fuego tanto amaba. De repente Atta dijo:
- Respóndeme hijo, estas dos preguntas ¿Qué fue lo que hiciste para que los Asesinos te hicieran esas cosas tan horribles? ¿Y al final, mataste a la líder o le perdonaste la vida?
- Eso padre, te lo contaré cuando me digas cómo fuiste a parar a la corte del rey de Levor - dijo Asof, y sonrió.
Está bien, hijo. Todo comenzó--


Y así es como termina esta historia, mucho mejor de lo que su protagonista esperaba. Después de todo, el guerrero de los ojos de fuego se merecía un final feliz. O quizás no...
 

FIN

Thursday the 25th.
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